Los economistas aceptan que la inflación es el más
injusto de los impuestos, porque le quita más a quienes menos tienen: el alza
general y sostenida de los precios afecta más a las familias de menores
ingresos, cuyo poder de compra disminuye más que el de las familias de mayores
ingresos y con capacidad de ahorro, limitando sus posibilidades de un mayor
bienestar material.
Sin embargo, la inflación puede ser vista, no como
el más injusto de los impuestos, sino como el robo perfecto: se sabe quién es
el ladrón, pero no hay manera de que restituya lo robado. La inflación roba
parte del poder adquisitivo del dinero, razón por la cual es un robo. ¿Quién es
el ladrón? El que la origina. ¿Y quién causa la inflación? La autoridad
monetaria, en particular, el gobierno, en general, tal y como sucedió en México
a lo largo de las últimas décadas, como lo vemos en el cuadro I, que muestra la
inflación promedio anual, y acumulada, para cada uno de los sexenios señalados.
Cuadro I
Inflación
|
Sexenio |
Promedio anual |
Acumulada |
|
Echeverría |
13.9% |
129.6% |
|
López Portillo |
29.0% |
458.9% |
|
De la Madrid |
62.3% |
3,710.1% |
|
Salinas de Gortari |
14.6% |
139.1% |
|
Zedillo |
19.8% |
225.9% |
|
Fox |
4.4% |
27.2% |
Fuente: Banxico
Gracias a los buenos oficios del Banco de México,
sobre todo a partir del momento en el cual se le dotó de autonomía, nuestro
dinero ha dejado de perder poder adquisitivo, al menos a las tasas a las que lo
perdió entre 1971 y 2000, años a lo largo de los cuales la inflación promedio
anual fue del 27.8 por ciento. Del 2001 al 2006 fue 4.4 por ciento.
Llegados a este punto hay que distinguir: una cosa
es que nuestro dinero ya no pierda poder adquisitivo, y otra muy distinta que
recupere el que perdió; una cosa es que el ladrón ya no siga robando, y otra
que devuelva lo robado. Se ha conseguido lo primero, sobre todo porque los
aumentos salariales, en los últimos años, han sido mayores que la inflación,
pero no se conseguirá lo segundo, por una razón muy sencilla: no hay manera de
que el ladrón restituya lo robado o, dicho de otra manera, no hay forma de que
el Banco de México nos devuelva el poder adquisitivo que, producto de las malas
políticas monetarias del pasado, que originaron la inflación, nos robó.
Suponiendo que lo quisiera hacer, ¿cómo lo haría? ¿Emitiendo dinero y dándoselo
a los consumidores? En tal caso generaría inflación y el resultado sería
contraproducente. ¿Provocando deflación, es decir, una baja generalizada y sostenida
de los precios? Ello provocaría, entre otros efectos negativos, presiones
recesivas, una menor producción de bienes y servicios, y un mayor desempleo.
No hay manera de que la autoridad monetaria nos
devuelva el poder adquisitivo que perdimos durante los años de inflación, razón
por la cual podemos afirmar que la misma es el robo perfecto: sabemos quién es
el ladrón, pero no hay manera de que devuelva lo robado. Lo único que nos queda
es preguntarnos por los responsables: ¿quiénes fueron, dónde están y, lo más
importante, responderán por sus errores?