11/1/2006
El fin del desfile
Sergio Sarmiento

Un desfile por sí mismo tiene poca o ninguna importancia. Si la Presidencia de la República hubiera anunciado hace años que se cancelaba el desfile deportivo del 20 de noviembre, seguramente nadie se habría preocupado demasiado. Si acaso, muchos de los burócratas a los que se les obliga a participar habrían respirado con alivio ante la obtención de un día de asueto. El desfile tradicional, el que realmente captura la imaginación de la gente, es el militar que se lleva a cabo el 16 de septiembre. El del 20 de noviembre ha sido un festejo indefinido que ha generado poca atención de parte de los mexicanos.

 

Pero el anuncio de la cancelación de este desfile se ha registrado en circunstancias que obligan a la crítica. A pesar de que el vocero presidencial lo ha negado de manera sistemática, la razón aparente de esta cancelación de último momento, cuando falta solamente un mes para que termine el sexenio, es el hecho de que Andrés Manuel López Obrador ha programado su toma de poder como “presidente legítimo” de México en la misma fecha.

 

Al parecer el presidente Fox no ha querido padecer una nueva humillación como la que sufrió el pasado 15 de septiembre, cuando después de insistir durante semanas que daría el grito desde el balcón de Palacio Nacional, como es la tradición, tuvo que echar marcha atrás un día antes para dejarle el Zócalo, si no a López Obrador, sí al jefe de gobierno del Distrito Federal Alejandro Encinas y el PRD.

 

Una vez más el presidente Fox está demostrando que está dispuesto a lo que sea para evitar una confrontación. Así como canceló el nuevo aeropuerto de Texcoco en el 2002 y ha permitido que los radicales ocupen Oaxaca durante cinco meses, así ahora ha preferido retroceder antes que enfrentarse a López Obrador.

 

Pero ni siquiera esta retirada estratégica le ha servido al presidente Fox. El gobierno perredista de la capital no ha perdido la oportunidad de restregarle su debilidad al primer mandatario. Así, en una conferencia de prensa matutina Ricardo Ruiz, el secretario de gobierno de la capital señaló que se estaba considerando la posibilidad de que la ciudad organizara el desfile ante la decisión del presidente Fox de no hacerlo. Es obvio que a ellos no les pondría obstáculos López Obrador.

 

El desfile no tiene, por supuesto, ninguna importancia real. Lo significativo de este episodio es que una vez más ha recalcado la debilidad de la Presidencia de la República en el actual sexenio.

 

Éste ha sido un gobierno que no ha querido o no ha sabido utilizar la fuerza pública para aplicar la ley. Nadie quiere, por supuesto, el retorno de los tiempos en que la policía o el ejército se empleaban para reprimir salvajemente mítines políticos que ni siquiera bloqueaban el tránsito, como ocurrió en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968. Pero Fox ha llevado las cosas al extremo opuesto al permitir, por ejemplo, la toma de Oaxaca durante cinco meses por grupos radicales.

 

En esto radica la importancia de la cancelación del desfile: en el hecho de que es un nuevo síntoma de la debilidad del gobierno de Fox.



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