Un desfile por sí mismo tiene poca o ninguna importancia. Si
Pero el anuncio de la cancelación de este desfile se ha registrado en
circunstancias que obligan a la crítica. A pesar de que el vocero presidencial
lo ha negado de manera sistemática, la razón aparente de esta cancelación de
último momento, cuando falta solamente un mes para que termine el sexenio, es el
hecho de que Andrés Manuel López Obrador ha programado su toma de poder como
“presidente legítimo” de México en la misma fecha.
Al parecer el presidente Fox no ha querido padecer una nueva
humillación como la que sufrió el pasado 15 de septiembre, cuando después de
insistir durante semanas que daría el grito desde el balcón de Palacio Nacional,
como es la tradición, tuvo que echar marcha atrás un día antes para dejarle el
Zócalo, si no a López Obrador, sí al jefe de gobierno del Distrito Federal
Alejandro Encinas y el PRD.
Una vez más el presidente Fox está demostrando que está dispuesto a lo
que sea para evitar una confrontación. Así como canceló el nuevo aeropuerto de Texcoco en el 2002 y ha permitido que los radicales ocupen
Oaxaca durante cinco meses, así ahora ha preferido retroceder antes que
enfrentarse a López Obrador.
Pero ni siquiera esta retirada estratégica le ha servido al presidente
Fox. El gobierno perredista de la capital no ha
perdido la oportunidad de restregarle su debilidad al primer mandatario. Así,
en una conferencia de prensa matutina Ricardo Ruiz, el secretario de gobierno
de la capital señaló que se estaba considerando la posibilidad de que la ciudad
organizara el desfile ante la decisión del presidente Fox de no hacerlo. Es obvio
que a ellos no les pondría obstáculos López Obrador.
El desfile no tiene, por supuesto, ninguna importancia real. Lo
significativo de este episodio es que una vez más ha recalcado la debilidad de
Éste ha sido un gobierno que no ha querido o no ha sabido utilizar la
fuerza pública para aplicar la ley. Nadie quiere, por supuesto, el retorno de
los tiempos en que la policía o el ejército se empleaban para reprimir
salvajemente mítines políticos que ni siquiera bloqueaban el tránsito, como
ocurrió en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968. Pero
Fox ha llevado las cosas al extremo opuesto al permitir, por ejemplo, la toma
de Oaxaca durante cinco meses por grupos radicales.
En esto radica la importancia de la
cancelación del desfile: en el hecho de que es un nuevo síntoma de la debilidad
del gobierno de Fox.