En el primer artículo de esta serie apunté la
imperiosa necesidad de hacer una reforma tributaria que además de aumentar la
recaudación genere incentivos más eficientes al trabajo, el ahorro y la
inversión. En el segundo señalé la importancia de ejercer un gasto publico de manera eficiente utilizando para todos los
programas públicos un criterio de evaluación social de proyectos, eliminando
aquellos que tengan una rentabilidad social negativa. En este artículo trataré
uno de los puntos más importantes en materia de finanzas públicas y que se
refiere a la presión que ejercen las pensiones de los empleados
gubernamentales.
El sistema de pensiones de los empleados
gubernamentales que cotizan en el ISSSTE está basado en un esquema de reparto,
mediante el cual los trabajadores en activo financian las pensiones de los
jubilados. Este esquema es financieramente inviable, como se vio para el caso
de los trabajadores del sector privado que cotizan en el IMSS, ya que la
relación de trabajadores jubilados por cada trabajador en activo es creciente.
Este esquema se complica aun más si las aportaciones corrientes de los
trabajadores en activo no es suficiente para cubrir las pensiones por lo que,
para mantener el sistema, se requiere de una aportación directa del gobierno
federal, recursos que obviamente tienen un uso alternativo.
En la actualidad, el sistema de pensiones del ISSSTE
tiene un déficit cercano a los 40 mil millones de pesos y se estima que,
manteniendo el esquema de reparto, éste aumentará para el
Los elementos de esta reforma al sistema de pensiones
públicas, particularmente el de los empleados gubernamentales que cotizan en el
ISSSTE son: a) la individualización de las cuentas de retiro en cuentas
capitalizables; b) aportación del gobierno a la cuenta individual de un bono de
reconocimiento igual al valor presente del monto de la pensión acumulada a la
fecha; c) aportaciones periódicas del gobierno como el empleador y del propio
trabajador que, junto con el bono de reconocimiento y los intereses que se
generen tiendan a garantizar una pensión equivalente al 70% del último sueldo;
y, d) portabilidad de la pensión del sector público al sector privado y
viceversa. Estos elementos ya han sido ampliamente discutidos y, en general,
quitando el último, aceptados. Hay sin embargo un punto que en lo particular
sigue siendo discutible: la afore para los trabajadores del gobierno y la
portabilidad.
Los líderes del sindicato de trabajadores
gubernamentales, para apoyar la reforma exigen que se constituya una afore para
los trabajadores gubernamentales, que sean ellos (los líderes sindicales)
quienes administren la afore, que no se cobre comisión a los trabajadores como
sí sucede en las afores privadas y que los trabajadores no puedan migrar su
pensión a una afore privada por un determinado periodo de al menos dos años.
Esto obviamente es ineficiente por varias razones, destacando tres. Primero, si
no se cobra una comisión, el gobierno tendría que aportar los recursos para
mantenerla en operación. Segundo, al tener la exclusividad y limitando la
portabilidad, tal afore operaría como un monopolio y se perdería el elemento de
rendición de cuentas que se reflejaría en menores rendimientos. Y tercero, se
le quita al empleado la libertad de elección.
Estos problemas y resistencias tienen que ser
resueltos ya que de lo contrario tendremos, en el futuro cercano, un grave
problema de finanzas públicas.