En el
último Pesos y Contrapesos comenté el buen desempeño que han tenido
algunos mercados, en concreto el bursátil, el cambiario y el crediticio. Los
precios de las acciones, en el mercado bursátil, en promedio, han aumentado, en
lo que va del año, más del 30 por ciento. El precio del dólar, en el mercado
cambiario, ha tenido un comportamiento estable, oscilando entre un mínimo de
10.54 (el 20 de febrero) y un máximo de 11.59 (el 14 de junio), promediando,
hasta el momento, 11.00 pesos por dólar (el año pasado promedió 10.98). En el
mercado crediticio la tasa de interés de los Cetes a
28 días, que comenzó el año en 8.02 por
ciento, se ubica hoy en 7.04 puntos porcentuales, y desde el 16 de mayo hasta
el momento ha oscilado entre 7.01, como mínimo (en aquella fecha), y 7.08 por
ciento, como máximo (el 12 de septiembre).
Estos
mercados, que podemos llamar financieros, han tenido un buen desempeño, pese al
ambiente difícil que han ocasionado, desde los berrinches de un político, que a
como dé lugar quiere ser presidente, aunque el voto no lo haya favorecido,
hasta la negativa de un gobernante, que no quiere ser gobierno, para hacer
valer derechos y respetar leyes, aunque haya prometido cumplir y hacer cumplir
las leyes, con el fin de hacer efectivos los derechos de las personas. Y ambas
cosas son graves.
Ante mi
insistencia en subrayar el buen comportamiento de los mercados financieros ha
habido algunos lectores que preguntan por qué, si lo que sucede con el precio
de las acciones, el dólar o el crédito afecta a pocos mexicanos: ¿cuántos
participan en el mercado bursátil, o en el cambiario, o en el crediticio?
Directamente pocos, pero indirectamente muchos y, en algunos casos, la mayoría,
tal y como es el caso del mercado cambiario.
¿Cuántos
mexicanos compran o venden dólares y, sobre todo, cuántos lo hacen con fines
especulativos: comprar barato para vender caro? La cifra no la conozco, pero me
queda claro que no se trata de la mayoría, por lo que, directamente, lo que
pase con el precio del dólar puede no afectarla. ¿Pero qué pasa con los
millones de mexicanos que consumimos productos importados, o mercancías hechas
en México con un buen componente de insumos importados? Si bien esas mercancías
nosotros no las pagamos en dólares, los importadores, tanto de mercancías de
consumo final, como de insumos para la producción, sí lo hacen, y si el dólar
se revalúa frente al peso (o, lo que es lo mismo, el peso de devalúa frente al
dólar), la mercancía o insumo importado, en términos de pesos, aumenta de
precio y, de ser posible (ello dependerá de la elasticidad precio de la
demanda del producto en cuestión), será el consumidor el que termine
pagando la devaluación del peso frente al dólar. ¿Cómo? Pagando, por la
mercancía importada, o por la hecha en México con insumos importados, un
precio, en pesos, mayor.
Vistas así las cosas, y tomando en cuenta que la mexicana es una economía que participa activamente del comercio internacional, ¿importa, o no, para una buena parte de los mexicanos, lo que sucede en el mercado cambiario; aunque esos mexicanos no participen de la compra y venta de dólares, mucho menos con fines especulativos?