Tuve la
fortuna de conocerlo en vida y a través de sus libros, conferencias y hasta los
videos que grabó con una obra que hoy parece monumental pero que para él fue
menor, Libertad de Elegir, fue menor
pues él ante todo se consideraba un economista y por ello la teoría era más
importante que la historia, que la política o que el afán reformador del que
fue el principal promotor.
Los que lo
conocieron recuerdan su vitalidad inagotable, la eterna presencia de Rose y su
corta estatura física como lo alto de su estatura intelectual. En una reunión
de economistas en Sonora hace unos 5 años Milton participó no como el invitado
principal que sólo da su charla magistral y nada más, que es lo que de ellos se
espera, sino que estuvo activo en todas la reuniones, no se perdió una, estuvo
en todas la actividades dando sus lapidarios puntos de vista, característica
muy importante en su difusión de décadas con Samuelson,
la personificación de las ideas Keynesianas. Opiniones que le valían la
admiración de muchos y el odio de otros tantos. En aquella ocasión Milton
interviene cuando se está presentando un panel sobre pensiones y las reformas,
y suelta la frase “the pay-as-you-go system
is a fraud” y convocando
a los participantes a promover la idea de las pensiones individuales, lo que resume las ideas que siempre defendió:
competencia, mercado, mejor privado que público, lo que importa son los incentivos;
y las que siempre atacó: colectividad, administración pública, centralización,
ausencia de competencia.
Pero el
hecho más trascendente de aquella reunión fue una sencilla respuesta en su conferencia–plática con otro gigante de la libertad, Arnold Harberger, cuando alguien
del público le pregunta cuál ha sido su principal contribución a la economía y
sin titubear Milton responde “the
permanent income hypothesis”, la expectativa del público se podía situar
entre las ideas monetaristas, la crítica al keynesianismo, el promover las
ideas de la libertad o lo que ustedes gusten, pero él como buen académico
agrega ante un silencio de incredulidad entre los asistentes: “para mí esta es
la más acabada de mis ideas, la que con más precisión definí y la que
académicamente me trajo más satisfacción, la teoría es lo más importante”,
palabras más palabras menos.
Y es que
Parece un
concepto muy sencillo, pero asume que todos somos racionales, que tenemos expectativas,
que podemos decidir qué hacer con nuestros ahorros, que no hay un proceso inflacionario,
que se conjunta una serie de factores que sólo funcionan con una economía de
mercado y que los agentes económicos actúan de forma racional en este ambiente,
esta serie de presupuestos que establece Friedman son
lo importante para muchos economistas y para muchos de los funcionarios que
fueron inspirados por Friedman para realizar las
reformas, permitir que sean los individuos los que decidan qué hacer con su
vida, su trabajo, el producto del mismo y sobre todo que lo hagan en libertad.
Creo
que no hay mejor homenaje para Milton Friedman que
citar a Mart Laar, el
primer ministro que reformó la economía de Estonia y que este año se hizo
acreedor al Premio Milton Friedman del Cato Institute:
“Yo había leído solo un libro de
economía—“Libertad de Elegir”
de Milton Friedman. Era tan ignorante en ese entonces
que yo pensaba que lo que Friedman escribió sobre los
beneficios de la privatización, el impuesto uniforme y la abolición de todos
los derechos de aduana era el resultado de las reformas económicas que habían
sido implementadas en el occidente. A mí me parecía que era sentido común y como
pensé que ya se había practicado en todas partes, yo simplemente lo introduje
en Estonia, a pesar de las advertencias por parte de economistas estonianos de
que aquello no se podía hacer. Ellos dijeron que era tan imposible como caminar
en el agua. Nosotros lo hicimos: caminamos en el agua porque no sabíamos que
era imposible”.
Pero Milton
lo logró, los países que hoy aplican sus ideas caminan sobre el agua, y los que
no, siguen siendo pobres y atrasados.