Se acabó
el sexenio y se acabó el año. Reciba mis mejores deseos para el año que
comienza amigo lector. Entrando en análisis, nos preguntamos, ¿qué nos dejó el
año y el sexenio culminante? Bueno, para responder con la mejor precisión
necesitaríamos mucho mayor espacio que el destinado a este servidor en esta
página. Ya se encargarán seguramente los historiadores (y por supuesto, otros
colegas de esta página) de hacer un análisis minucioso de la gestión foxista. Por lo pronto si podemos mencionar algunas cosas
relevantes:
Mantenimiento
y consolidación de la estabilidad macroeconómica. Definitivamente,
México se perfila como un mercado emergente apuntando a la madurez por su
solidez macroeconómica. En este sentido, las inflaciones y devaluaciones
traumáticas son cosa desconocida para las jóvenes generaciones de mexicanos. En
hora buena, pero hay que recalcar que esto no ha sido fruto del cielo. Se han
tenido que emprender esfuerzos serios en materia de política monetaria, fiscal
y cambiaria, así como en lo que se refiere a la apertura comercial de los
mercados y el manejo prudente en materia de endeudamiento externo. El esfuerzo
viene desde la segunda mitad del sexenio zedillista y
fue atinadamente continuado por Vicente Fox. Bien el gobierno en esta materia.
Crecimiento
económico mediocre. Roberto Salinas apuntaba con atino
en un artículo la siguiente idea: se ha vuelto una especie de dogma el creer
que la estabilidad macroeconómica está peleada con el crecimiento económico (no
crezco por que la política monetaria “ortodoxa” no me lo permite al tener que
subir las tasas de interés para controlar la inflación; asimismo, el que el
gobierno contenga su gasto es dañino para la economía). Efectivamente, esto es
un dogma para los ignorantes en materia económica y también para algunos
economistas confundidos que sería bueno que revisaran con más denuedo sus
libros (seguro empolvados) de teoría monetaria. La
política monetaria, ciertamente, cuando está mal instrumentada se puede volver
un dolor de cabeza para el crecimiento de la economía. No se diga el gasto
público desbocado. Pero cuando se aplica con eficiencia, entonces se vuelve un
instrumento que coadyuva a que los negocios se desenvuelvan en un ambiente
propicio y esto se logra a través de la estabilidad de precios que un buen
Banco Central logra. Igualmente, en materia fiscal, si el gobierno gasta menos,
se endeuda menos y presiona en menor medida a las tasas de interés. Estabilidad
es el ingrediente esencial para que la economía crezca. Claro no es suficiente.
El sexenio foxista se caracterizó por un crecimiento
mediocre (tasas promedio abajo del 4%), pero la causa no fueron
la política monetaria y fiscal. Al contrario, la coordinación de estas es
esencial y condición primera para lograr detonar el crecimiento económico. Ya
en el pasado a México le costó mucho que el Banco Central no fuera autónomo y
que estuviera supeditado a la expansión gigantesca y desordenada del gasto del
gobierno. A los desmemoriados se les olvida fácilmente esto. La causa del magro
crecimiento económico foxista fue la ausencia de
reformas en materia laboral, energética y fiscal, así como del entramado
institucional actual que es muy deficiente en materia de protección y
cumplimiento de los derechos de propiedad, lo que es esencial para que las
transacciones que se llevan a cabo en los mercados, sean eficientes. La
estabilidad no es el enemigo; al contrario, los mexicanos desde el año 2001 ya
no han visto deteriorar su ingreso año con año; algunos hasta les ha permitido
financiar la compra de una casa (con estabilidad, las tasas de interés tienden
a la baja lo que beneficia a la inversión y al consumo de los mexicanos). Hoy
las naciones que más crecen en el mundo es por que han
logrado estabilidad de precios. Ahí están los tigres asiáticos y naciones como
Estonia, Irlanda y Nueva Zelanda. El crecimiento económico positivo de naciones
como Argentina y Venezuela no es sano, pues no está
sustentado en la estabilidad de precios, sino sólo en la expansión fiscal
irresponsable, que causa inflación de dos dígitos. Ya veremos luego como
truenan estas economías. Salvo algunas reformas financieras importantes, en el
sexenio foxista no hubo una sola reforma esencial
para que la economía mexicana detonara su crecimiento. Pero, insistimos, esto
no fue culpa de las políticas fiscales, monetarias y cambiarias, sino de la
ausencia de reformas que hicieran más productivos a los factores de la
producción.
Oligarquía
política. Sí, francamente los partidos políticos
mexicanos se han vuelto un jugoso negocio para unos pocos. Urge una reforma
política que ponga fin al uso indiscriminado y corrupto del los recursos del
contribuyente por parte de las mafias incrustadas en los diversos partidos
políticos. El sexenio se caracterizó por partidos que obstaculizaron todo tipo
de medidas tendientes a modernizar a la economía mexicana. Incluso, ya la nueva
legislatura también dio cuenta de ello. Persiste la perversa idea entre los
políticos mexicanos (la actual legislatura no es la excepción) de que para
salir adelante hay que gastar, gastar y gastar. No, ello, además de ir en
contra de la eficiencia económica, sólo beneficia a los grupos de interés
incrustados en el campo, la educación y los negocios. Recuerde amigo lector,
políticos gastalones, igual a compadres ricos y
pueblo pobre. La ecuación no falla. Urge una reforma profunda al Congreso (que
se profesionalice más y que se puedan reelegir los legisladores eficientes)
para que no se repitan los excesos del sexenio pasado en el actual.
Débil estado
de derecho. Una característica de todos los regímenes
priístas fue la regla “pan” ó “palo”. “Si te portas bien con el sistema te doy
privilegios, si no, te excluyo y en el peor de los casos te elimino”. Esta
lógica permitió tener controlados a los más violentos, aún cuando fue a costa
de la libertad de expresarse. La llegada a la presidencia de un primer gobierno
no priísta (en la historia reciente), pensamos muchos, derrumbaría a los viejas
reglas priístas. En efecto, algunas se terminaron. Pero nunca se sustituyeron
por un marco jurídico eficiente, para que en un entorno de democracia y
libertad, los matones y violentos estuvieran controlados. Por desgracia, la
falta de aplicación de la ley fue práctica cotidiana en el sexenio foxista. Bastaba Con asomar un machete, para que la
administración foxista cediera ante todo chantaje.
Los asesinatos descarados (a plena luz del día y en lugares públicos) entre narcos y el conflicto de Oaxaca, fueron la culminación de
esta triste historia de impunidad.
Parásitos
sindicales. Esta es una herencia de los viejos regímenes
priístas que sabíamos no se acabaría por el hecho de llegar al poder la
oposición. Pero creíamos que Fox comenzaría a pintar su raya. No fue así. Ahí
siguen los viejos líderes sindicales antidemocráticos (incrustados sobre todo
en el sector público) defendiendo a capa y espada sus privilegios y chupando a
sus agremiados, y por supuesto, al contribuyente. Fue patético que el ex
presidente Fox permitiera que a la obra pública más importante de su sexenio
(una presa gigantesca) se le pusiera el nombre del mafioso y vulgar Rodríguez Alcaine (la güera Rodríguez).
Igualmente patético fue que se le permitiera al corrupto Napoleón Gómez Urrutia
tomar posición como líder sindical de los mineros por “derecho de herencia” (a
la muerte de su padre quien fue líder sindical minero). Luego se arrepintieron,
pero ya era tarde. Gómez Urrutia y sus secuaces no permitirían su remoción. Hoy
ya están “negociando” con la actual administración. En fin, no sólo no se acabó
con estas alimañas, sino, parece, se continuó estimulando su crecimiento y
consolidación.
Oligopolios
intocables. Además de los intocables monopolios
gubernamentales, la economía mexicana está llena de oligopolios privados (unos
cuantos se reparten el mercado e imponen múltiples barreras a la entrada de
nuevos competidores). Están dispersos a lo largo de varios sectores de la
economía. Lo mismo, en el sector de telecomunicaciones, bancario, de Radio y
Televisión, cementero, de construcción, cervecero, transporte y de carga, etc, los consumidores mexicanos enfrentamos precios que no
reflejan la competencia sana entre empresas. En todo el sexenio de Fox, los
oligopolios dieron muestra de su poderío y no dejaron que se diera pie a
derrumbar las barreras que los protegen. La aprobación de
Por
supuesto que hay otros diagnósticos, pero, por razones de espacio los
mencionaremos después.
En lo que
al año que se fue ya, lo más relevante sin lugar a dudas fueron las elecciones
presidenciales. Fue un año en el que México estuvo en peligro de caer a manos
de un delirante fascista. Por fortuna, no ganó, y respiramos con alivio. Pero
el Mesías ahí está (derrumbándose, presa de sus delirios) y seguirá perturbando
la paz. Sólo la aplicación de la ley lo contendrá.
Por lo pronto, el arranque del Presidente Calderón ha
sido acertado y parece que él si aplicará la ley. Bueno, eso es un primer paso.
El reto que tiene Calderón es grande. Los problemas que le hereda Fox, como ya
vimos, son complicados y requerirán de un diseño inteligente de agenda (y de
astucia política) para ir superando los problemas y avanzando en el México que
queremos para el siglo XXI. Suerte, suerte a todos en el año que comienza.