1/25/2012
¿Por qué necesitamos una reforma laboral?
Arturo Damm

Mucho se habla de la necesidad de una reforma que flexibilice el mercado laboral, como condición para crear más puestos de trabajo y abatir el desempleo que, si bien es cierto está bajando, lo está haciendo lentamente. Cierto, se necesita una reforma laboral que tenga como principal objetivo el mencionado, flexibilizar el mercado laboral, pero sin olvidar otro fin no menos importante: borrar las tonterías que, en la materia, encontramos en el marco legal del mundo laboral mexicano, comenzando por la Ley Federal del Trabajo, en la que encontramos un buen repertorio de tales tonterías, que son la espada de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas, por una razón muy sencilla, que tiene que ver con la respuesta a la siguiente pregunta: ¿qué puede pasar si a alguien se le ocurre intentar llevar a la práctica lo que tales tonterías proponen? Respuesta: un desastre mayúsculo.

Buen ejemplo de lo anterior le tenemos, para empezar, en el artículo tercero de la mentada ley, que a la letra dice: “El trabajo es un derecho y un deber sociales. No es artículo de comercio, exige respeto para las libertades y dignidad de quien lo presta y debe efectuarse en condiciones que aseguren la vida, la salud y un nivel económico decoroso para el trabajador y su familia”, párrafos en los cuales encontramos tres tonterías, ni a cual ir de grave.

Primer tontería, afirmar que el trabajo es un derecho y un deber sociales, lo cual resulta contradictorio: el trabajo, o es un derecho, o es un deber, pero no puede ser las dos cosas al mismo tiempo, de entrada porque la contrapartida del derecho de alguien es la obligación de alguien más, no siendo posible que la misma persona sea el titular de un derecho y de su contrapartida, el deber correspondiente. El trabajo es un derecho, no una obligación, ¡mucho menos social!, sobre todo si por ello se entiende que tengo, frente a todos los miembros de la sociedad, la obligación de trabajar. A esa obligación se le llama esclavitud.

Segunda tontería, señalar que el trabajo no es artículo de comercio, por lo que no se puede vender ni comprar, por lo que, ¡conclusión lógica!, no se debe cobrar ni pagar. ¡Vaya tontería! En primer lugar es un hecho que el trabajo es artículo de comercio y, en segundo término, qué bueno que lo sea, porque gracias a ello es que se nos paga por nuestro trabajo, pago por el cual trabajamos, ¿o no? Yo quiero que mi trabajo sea artículo de comercio. ¿Usted no?

Tercera tontería, apuntar que el trabajo debe efectuarse en condiciones que aseguren un nivel económico decoroso para el trabajador y su familia, lo cual depende, única y exclusivamente, de la productividad del trabajador y de su contraparte: que el patrón lo reconozca y actúe en consecuencia, ¡no de que la ley así lo ordene! Si por ley fuese posible ese nivel de vida no habría pobres.

¿Hacen falta más muestras de por qué se necesita una reforma laboral?



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