4/30/2012
¿Impuestos = extorsión?
Arturo Damm

Hoy es el último día para presentar la Declaración Anual de Impuestos, una de las muchas manifestaciones del engendro tributario que padecemos los contribuyentes en México, y por lo tanto es un buen día para reflexionar en torno a los impuestos y responder a la pregunta ¿qué son realmente, no según la versión de los recaudadores, para quienes los impuestos son el primer paso de todo lo bueno, todo lo bueno que viene de la mano del gobierno, los impuestos?

Comienzo con la siguiente pregunta: ¿tenemos los seres humanos el derecho al producto íntegro de nuestro trabajo? Si la respuesta es - y la respuesta es sí - entonces tenemos que encontrar la justificación para el cobro de impuestos, por el cual el recaudador obliga al contribuyente a entregarle, precisamente, parte del producto de su trabajo, todo lo cual concuerda con la definición de robo, sobre todo si los impuestos se cobran con el fin de que el gobierno redistribuya, es decir, con el objetivo de quitarle a unos lo que es de ellos para darle a otros lo que no les pertenece, redistribución que hoy es, por mucho, la principal tarea de los gobiernos (revisen los presupuestos de egresos).

Desde el punto de vista del liberalismo lo único que justifica el robo que supone el cobro de impuestos es que con esos recursos el gobierno garantice la seguridad contra la delincuencia y, de fallar, imparta justicia, debiendo hacerlo parejo para todos, por lo cual, ¡con el fin de evitar a los gorrones, quienes se benefician sin haber pagado!, debe cobrarles impuestos a todos parejo. Lo que, desde la perspectiva liberal, justifica el robo que supone el cobro de impuestos es que se trata de un mal menor (por ejemplo: te obligo a entregarme una parte del producto de tu trabajo…)a cambio de un bien mayor (…y a cambio te garantizaré que nadie más te obligará a entregarle el resto y, de fallar, te haré justicia).

Para el liberalismo el gobierno es un mal necesario: necesario por el mal que combate - la delincuencia - y el bien que procura - la justicia -; mal porque para combatir ese mal y procurar ese bien debe cobrar impuestos, cobro de impuestos que no tiene justificación alguna cuando los recursos así obtenidos se destinan a la redistribución, degenerando entonces el cobro de impuestos en un robo con todas las de la ley, en la expoliación legal de la que habla Federico Bastiat en La Ley y El Estado.

Dicho sea de paso: desde la perspectiva del anarcocapitalismo – véase sobre todo la obra de Murray N. Rothbard -, el gobierno es un mal innecesario, por lo que no hay justificación alguna para el cobro de impuestos. Los liberales señalan que la lucha contra la delincuencia, y la impartición de justicia, requieren del gobierno, y que el gobierno requiere del cobro de impuestos, vistos como un mal necesario. Los anarcocapitalistas afirman que, ni siquiera para realización de esas dos tareas, hace falta el gobierno, y que hay maneras más honestas y eficaces de llevarlas a cabo (para los argumentos a favor de esta postura véase, del citado Rothbard, Hacia una nueva libertad: El manifiesto libertario, lectura intelectualmente muy retadora).

Vuelvo a la pregunta hecha en el primer párrafo: ¿qué son realmente, no según la versión de los recaudadores, sino en función de lo que en la práctica implican, los impuestos? Una posible respuesta es: una extorsión, es decir, la presión que, mediante amenazas, se ejerce sobre alguien para obligarle a obrar en determinado sentido o, de manera más puntual, la amenaza de daño que se hace contra alguien a fin de obtener de él dinero. El cobro de impuestos, ¿encaja en estas definiciones? Ensayo la siguiente respuesta.

Supongamos a Don Pepe, dueño de una miscelánea, a quien al matón de la colonia, respaldado por sus secuaces, obliga a entregarle semanalmente una determinada cantidad de dinero, a cambio, uno, de que él (el matón) no le hará daño (a Don Pepe) y, dos, de que él (el matón) lo defenderá de los pandilleros de las colonias vecinas (los otros matones). ¿Qué es lo que el mentado matón hace con Don Pepe? Presionarlo para que, mediante amenazas, obre en un determinado sentido, que en este caso implica el desembolso de una determinada cantidad de dinero a favor del matón. Dicho de otra manera: el matón extorsiona a Don Pepe.

Llegados a este punto preguntémonos si existe alguna analogía, es decir, alguna relación de semejanza, entre la extorsión que el matón ejerce sobre Don Pepe y la relación que se establece, por medio del cobro de impuestos, entre el recaudador (gobierno) y el contribuyente (ciudadano). ¿Existe alguna analogía? Para responder analicemos qué supone, en la práctica, el cobro de impuestos.

Por el cobro de impuestos el recaudador le dice al contribuyente, en primer lugar, lo siguiente: “Si no quieres meterte en problemas conmigo, problemas que pueden ir desde el pago de un recargo hasta la incursión a la cárcel, debes entregarme, periódicamente, parte del producto de tu trabajo”. Dicho lo anterior, en segundo término le dice esto: “A cambio de esa parte que me vas a entregar yo te voy a garantizar (¡sí, cómo no!), que nadie más atente, ni en contra de tu vida, ni de tu libertad, ni de tu propiedad y, en el caso de fallar (lo cual sucede a menudo) te haré justicia (va de nuevo: ¡sí, cómo no!)”

Cualquier semejanza entre el comportamiento del matón y el del recaudador, ¿es pura coincidencia? Si por extorsión entendemos, y ello es lo que se entiende por extorsión,  la amenaza de daño que se hace contra alguien a fin de obtener de él dinero, ¿no es el cobro de impuestos una extorsión? Alguien podrá decir que no, porque en el caso de la extorsión quien la lleva a cabo es el extorsionador, que no pasa de ser un delincuente, mientras que en el caso del cobro de impuestos el que lo lleva a cabo es el gobierno, ¡el gobierno!, al que no se le puede, ¡ni mucho menos debe!, calificar de delincuente. A quien presente tal argumento hay que recordarle que una acción debe calificarse, no por la identidad del agente – quién la hace -, sino por la naturaleza misma de la acción - qué se hace -, lo cual quiere decir que no todo lo que hace el gobernante, por el hecho de ser él quien lo hace, es correcto. Esta afirmación - no todo lo que hace el gobernante es correcto - que en muchos campos de la acción gubernamental es aceptada como verdadera, deja de serlo, de manera más o menos generalizada, ¡inclusive entre liberales!, cuando de los impuestos se trata, y a las pruebas me remito: ¿quién acepta que el cobro de impuestos es un robo, practicado a la manera de una extorsión, y que el hecho de que los recursos así obtenidos se dediquen, únicamente, a garantizar la seguridad contra la delincuencia y a impartir justicia no cambian ese hecho, como no cambia la naturaleza de un robo el hecho de que los recursos obtenidos por el ladrón se destinen a ayudar a los necesitados?

Por lo pronto, no se olviden de presentar la Declaración Anual de Impuestos.



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