López Obrador ha afirmado que, de llegar a la presidencia (así, con minúsculas, ¡para evitar tentaciones!), y gracias a la aplicación de su plan económico, la producción de bienes y servicios, y con ella la generación del ingreso, crecerá, en promedio anual, al 6 por ciento, al tiempo que, también en promedio anual, se crearán, en el sector formal de la economía, un millón de empleos. ¿Qué tan ambiciosas son estas metas? Para responder, comparemos: 1) entre 2001 y 2011 el crecimiento promedio anual de la producción de bienes y servicios, y por ello también de la generación del ingreso, fue del 2.0 por ciento; 2) en el mismo periodo de tiempo se crearon, en promedio al año, 248 mil 431 nuevos empleos en el sector formal de la actividad económica. Estas cifras nos dan una idea de lo ambicioso de las metas económicas de López Obrador: 200 por ciento más crecimiento (tres veces más) y 300 por ciento más empleos (cuatro veces más).
¿Qué pretende López Obrador en materia económica? Crecimiento promedio anual del 6 por ciento en la producción de bienes y servicios y en la generación del ingreso, y creación de 1 millón de empleos, por año, en el sector formal de la economía. Allí está el qué, momento de pregunta por el cómo, pregunta cuya respuesta es, en esencia, tal y como lo ha expresado López Obrador en varias ocasiones, la siguiente: por medio de un mayor gasto gubernamental destinado a promover el crecimiento, respuesta que nos recuerda - con las diferencias del caso, que las hay, ¡pero lo recuerda! -, lo hecho en los años de Echeverría y López Portillo, durante los cuales se intentó hacer del gasto gubernamental el motor del crecimiento económico, y cuyo resultado fue la vergonzosa docena perdida, que desembocó en el estancamiento con inflación (lo único que aumentaba en aquellos años fueron los precios) del sexenio de De la Madrid.
¿De dónde va a salir el dinero para, por la vía del gasto gubernamental, apuntalar el crecimiento, la generación de ingresos y la creación de empleos, si López Obrador ha dicho que, de llegar a la presidencia, no se cobrará más impuestos? La respuesta, dada una y otra vez por López Obrador, es de sobra conocida: el dinero saldrá 1) de la eliminación de la corrupción, 2) de la reducción de sueldos a la alta burocracia y 3) de la eliminación de los privilegios tributarios, lo cual quiere decir que el dinero no saldrá, ni de cobrar más impuestos, ni de recurrir al endeudamiento, ni, mucho menos, de la emisión primaria de dinero, misma que, gracias a la autonomía del Banco de México, hoy no puede usarse como fuente de financiamiento del gasto gubernamental (autonomía del banco central que, dicho sea de paso, por ningún motivo debe perderse).
Al margen del asunto de las cifras (las cuentas de López Obrador no cuadran), la primera pregunta es si, de llegar a la presidencia, López Obrador logrará 1) eliminar la corrupción (de la cual se benefician, en todos los niveles, no pocos funcionarios públicos, quienes se opondrán a su extirpación); 2) reducir los sueldos de la alta burocracia (sin olvidar que if you pay peanuts you get monkees, y que menores sueldos pueden ser el incentivo para más corrupción); 3) acabar con los privilegios tributarios (que supone una reforma tributaria de mayores proporciones que las logradas hasta hoy, eliminación de privilegios tributarios a la que se opondrán todos los que de ellos se benefician, que no son, ni pocos, ni débiles).
De llegar a la presidencia, ¿logrará López Obrador eliminar la corrupción, reducir los sueldos de la alta burocracia, y acabar con los privilegios tributarios, logro que es condición para conseguir el dinero que, por medio del gasto gubernamental, se usará para, según su propuesta, lograr un crecimiento promedio anual de la economía del 6 por ciento y la creación, también anual, de un millón de empleos? Y de no conseguirlo, y de insistir en su propuesta, ¿de dónde sacaría entonces el dinero? Una de dos: del cobro de más impuestos, incumpliendo su palabra, o del endeudamiento, lo cual pondría en entredicho la estabilidad monetaria lograda (misma que, por ningún motivo, debe ponerse en entredicho).
Supongamos que López Obrador llega a la presidencia y que logra eliminar la corrupción, reducir los sueldos de la alta burocracia, y acabar con los privilegios tributarios, de tal manera que disponga del dinero para, por medio de un mayor gasto gubernamental, destinado a tal fin, apuntalar el crecimiento económico y la creación de empleos. ¿Cuál es la única manera de lograrlo? Invirtiendo en la construcción de infraestructura de comunicaciones y transportes o, para decirlo de manera más puntual, ¡por aquello de los elefantes blancos!, invirtiendo en la construcción de infraestructura de comunicaciones y transportes que realmente sea necesaria. Seguramente que a López Obrador y a su grupo de asesores en la materia se les han ocurrido otras maneras de gastar en apoyo al crecimiento económico, pero ninguna otra, que no sea la mentada construcción de infraestructura, tendrá tal efecto, y ello por la razón que explico a continuación.
Que una economía crezca más (y la meta de López Obrador es que dicho crecimiento pase del 2 al 6 por ciento) quiere decir que se producen más bienes y servicios, lo cual solamente es posible si se invierte para ampliar la capacidad de producción de la economía, inversión que se define como todo gasto destinado, precisamente, a producir más, inversiones que pueden realizarse en investigación científica; en desarrollo tecnológico; en instalaciones, maquinaria y equipo; en infraestructura de comunicaciones y transportes; en educación y capacitación, y en todo lo que ayuda al ser humano a producir más (y, dicho sea de paso, a producir mejor). Si se ha de producir más se ha de invertir más, de tal manera que si el gobierno quiere apuntalar el crecimiento económico debe invertir, y el campo “propio” para las inversiones gubernamentales (por lo que dichas inversiones suponen, tanto en términos de los recursos necesarios para llevarlas a cabo, como del tiempo que se requiere para recuperar lo invertido), es el de la infraestructura de comunicaciones y transportes, que sirve de apoyo a las inversiones privadas, que son el verdadero motor del crecimiento económico.
Se puede pensar que el gobierno es capaz de apuntalar el crecimiento económico, además de invirtiendo en la construcción de infraestructura, subsidiando la producción de las empresas privadas, o creando empresas gubernamentales que produzcan bienes y servicios, nada de lo cual, a la larga, resulta: 1) los subsidios distorsionan la actividad económica, evitando los ajustes necesarios para lograr, en el caso de las empresas, una mayor productividad real; 2) una y otra vez los hechos han mostrado, y la buena teoría económica explica por qué, que el gobierno es un pésimo empresario.
Así las cosas, ¿qué tan buena es la propuesta económica de López Obrador?, comenzando por la pregunta más importante: ¿logrará López Obrador eliminar la corrupción, reducir los sueldos de la alta burocracia, y acabar con los privilegios tributarios, condiciones para conseguir el dinero que, por medio del gasto gubernamental, se usará para apuntalar el crecimiento económico?