En entrevista con El País, el diario español, Fox dijo que “con Calderón regresamos a la pobreza anterior”, lo cual es cierto y a las pruebas me remito. Según los datos del Consejo para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social, en 2006, último año del sexenio foxista, en México sobrevivía en la pobreza el 42.7 por ciento de la población, al tiempo que en el 2010, ya en plena administración calderonista, y último año para el que tenemos información, ese porcentaje fue del 51.3 por ciento, cifras que confirman lo dicho por Fox: con Calderón regresó la pobreza.
Lo que no dijo Fox es que ese aumento en la pobreza se debió, en buena medida, a las consecuencias que la recesión, que “importamos” de los Estados Unidos, ¡y que no fue culpa del gobierno de Calderón!, tuvo sobre la producción de bienes y servicios, la generación del ingreso, y la creación de empleos en la economía mexicana, consecuencias negativas que fueron de magnitud importante, tal y como lo muestran las cifras. En 2007 la producción de bienes y servicios, y con ella la generación del ingreso, creció 3.3 por ciento; en 2009, en plena recesión, se contrajo 6.2 por ciento. Otra: en 2007 la tasa de desempleo abierto en México fue del 3.7 por ciento de la población económicamente activa; en 2009 alcanzó 5.5 por ciento.
Obviamente que la caída en la producción de mercancías y en la generación del ingreso, combinada con el repunte en la tasa de desempleo, no pudo haber dado otro resultado que el aumento en la pobreza, afirmación cierta pero que debe ser redondeada, ¡redondeo que Fox no llevó a cabo!, señalando lo ya apuntado: que la misma fue la consecuencia de los efectos de la recesión estadounidense sobre la economía mexicana. Tal y como lo dijo Fox se entiende que el repunte en la pobreza fue culpa del gobierno de Calderón, y ello no es cierto. Es más, gracias al manejo prudente de las finanzas gubernamentales, conducción sensata que contribuye a la estabilidad, los efectos de la mentada recesión sobre la economía mexicana no fueron más graves de los que hubieran sido en un entorno diferente, con finanzas gubernamentales desequilibradas y débiles, y a las pruebas me remito. La inflación, en 2008, fue del 6.5 por ciento; en 2009, el año de la recesión, fue menor, de 3.6 por ciento. El tipo de cambio, en 2008, cerró en 13.90 pesos por dólar; en 2009 lo hizo por debajo, en 13.19. La tasa de interés, Cetes a 28 días, al final de 2008 se ubicó en 7.7 por ciento; en 2009 lo hizo a un nivel menor, en 4.5 puntos porcentuales.
Las verdades a medias (en este caso señalar el qué sin mentar el porqué) se convierten en mentiras al cuadrado, que en el caso de Fox resultan imperdonables, al menos que hayan sido hechas con toda la mala leche del mundo, lo cual, si fue el caso, las hacen más imperdonables todavía.