El INEGI informó que, durante el mes de junio, y en términos anualizados, comparando los resultados de junio del 2012 con los de junio del 2011, la inversión fija bruta, que es la que se realiza en instalaciones, maquinaria y equipo, creció 2.7 por ciento, lo cual enciende un foco rojo, imponiendo una llamada de atención más para sacar adelante, ¡ya!, las reformas institucionales que deben hacer de la mexicana una economía más competitiva, es decir, más capaz para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que son las que abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos y generan ingresos, inversiones directas que son la llave del progreso económico, y que tienen como base la inversión en instalaciones, maquinaria y equipo, la llamada inversión fija bruta, que en junio pasado creció 2.7 por ciento, encendiendo un foco rojo. ¿Por qué?
Comparemos. En junio de 2011 la inversión fija bruta registró un crecimiento del 12.5 por ciento (resultado, cierto, del efecto rebote, consecuencia de la recesión del 2009); un año después, en junio pasado, el avance fue de solamente 2.7. ¿La buena noticia? La inversión en instalaciones, maquinaria y equipo, que es la base del resto de las inversiones, sigue creciendo. ¿La mala? Lo hace a una tasa mucho menor. En el primer semestre de 2011 la inversión fija bruta registró una tasa de crecimiento promedio anual del 10.5 por ciento. Entre enero y junio del 2012 el crecimiento promedio anual fue del 5.9 por ciento, prácticamente la mitad: en enero creció 7.9 por ciento; en febrero, 11.4; en marzo, 7.3; en abril, 8.7; en mayo, 7.5 y en junio el ya mentado 2.7 por ciento, compuesto de la siguiente manera: la inversión en maquinaria y equipo decreció 0.5 por ciento, la que se realizó en construcción creció 5.3 por ciento.
Si de la inversión fija bruta pasamos a analizar la inversión extranjera directa tenemos que, durante el primer semestre del 2011, la misma sumó 11 mil 815 millones de dólares para, un año después, entre enero y junio del 2012, sumar 9 mil 622 millones, una caída del 18.6 por ciento, que, al igual que la caída en la tasa de crecimiento de la inversión fija bruta, enciende un foco rojo en el camino de la economía mexicana que, con el 50 por ciento de la población sobreviviendo en la pobreza, pobreza que se supera creando riqueza, misma que sea crea a partir de las inversiones directas, no puede darse el lujo de registrar retrocesos en la materia.
Cierto, en la economía mexicana se invierte, ¿pero cuánto más no se invertiría si, en materia de competitividad, pusiéramos, de una buena vez por todas, la casa en orden, orden que, pese a los avances, todavía deja mucho que desear, tal y como lo muestra el Índice de Competitividad Global 2012 – 2013, del Foro Económico Mundial, en el cual México ocupa, con una calificación de 6.3 sobre 10, la posición 53 entre 144 naciones, lo cual se resume en una palabra: mediocridad.