En el año 2006, antes del inicio del gobierno de Calderón, los impuestos que cobraba el Gobierno Federal eran: 1) Impuesto sobre la renta; 2) Impuesto al activo; 3) Impuesto al valor agregado; 4) Impuesto especial sobre producción y servicios a gasolinas y diesel para combustión automotriz; 5) Impuesto especial sobre producción y servicios a bebidas alcohólicas; 6) Impuesto especial sobre producción y servicios a cervezas y bebidas refrescantes; 7) Impuesto especial sobre producción y servicios a tabacos labrados; 8) Impuesto especial sobre producción y servicios a aguas, refrescos y sus concentrados; 9) Impuesto sobre tenencia o uso de vehículos; 10) Impuesto sobre automóviles nuevos; 11) Impuesto a los rendimientos petroleros; 12) Impuesto a las importaciones; 13) Impuestos accesorios. ¡Trece impuestos!
En este 2012, último año del gobierno de Calderón, el Gobierno Federal cobra los siguiente impuestos: 1) Impuesto sobre la renta; 2) Impuesto empresarial de tasa única; 3) Impuesto al valor agregado; 4) Impuesto especial sobre producción y servicios a gasolinas y diesel para combustión automotriz; 5) Impuesto especial sobre producción y servicios a bebidas alcohólicas; 6) Impuesto especial sobre producción y servicios a cervezas y bebidas refrescantes; 7) Impuesto especial sobre producción y servicios a tabacos labrados; 8) Impuesto especial sobre producción y servicios a juegos con apuestas y sorteos; 9) Impuesto especial sobre producción y servicios a redes públicas de telecomunicaciones; 10) Impuesto especial sobre producción y servicios a bebidas energetizantes; 11) Impuesto sobre tenencia o uso de vehículos; 12) Impuesto sobre automóviles nuevos; 13) Impuesto a los rendimientos petroleros; 14) Impuesto a las importaciones; 15) Impuesto a los depósitos en efectivo; 16) Impuestos accesorios. ¡Dieciséis impuestos!
Entre 2006 y 2012 el número de impuestos que cobra el Gobierno Federal aumentó de trece a dieciséis, incremento equivalente al 23.1 por ciento, muestra de la voracidad tributaria de un gobierno que aumenta impuestos, no porque tenga el derecho de hacerlo, sino porque tiene el poder para hacerlo, gracias a la total y absoluta discrecionalidad que tiene para decidir 1) qué impuestos cobrar, 2) a qué tasas cobrarlos, y 3) a quiénes cobrárselos, lo cual quiere decir que el derecho de propiedad privada sobre los ingresos de los contribuyentes no está, ni plenamente reconocido, ni puntualmente definido, ni jurídicamente garantizado. En México basta y sobra que el Poder Ejecutivo proponga cobrar más impuestos, y que el Legislativo lo apruebe, para que se cobren más impuestos, es decir, para que el recaudador obligue al contribuyente a entregarle una mayor proporción del producto de su trabajo, tal y como lo hemos visto en los últimos seis años.
Lo justo, desde la perspectiva ética, y lo eficaz, desde el punto de vista económico, es el impuesto único (ni uno más), homogéneo (la misma tasa en todos los casos), universal (sin excepciones), al consumo (no al ingreso, no al patrimonio), impuesto hacia el cual deben tender los cambios tributarios, para lo cual se requiere la eliminación de impuestos y la baja en las tasas impositivas, algo que yo veo poco, muy poco, probable.