La Comisión Permanente del Congreso ratificó la nominación de Eduardo Medina Mora como el nuevo embajador de México en Estados Unidos, habilitándolo así para que proceda a entregar la embajada ante el Reino Unido que había venido desempeñando hasta ahora, y poder llegar a Washington para asistir a la ceremonia de toma de posesión del Presidente Barack Obama la semana próxima.
Como todo embajador mexicano en EU, Medina Mora enfrentará muchos desafíos de una relación bilateral sumamente compleja, que se extiende a los ámbitos de la economía y el comercio, la seguridad nacional y la procuración de justicia, la administración de la enorme y porosa frontera, la protección en ese país de nuestros connacionales e, invariablemente, el combate a los prejuicios y la ignorancia.
Las relaciones bilaterales se encuentran en un buen momento gracias al excelente desempeño del embajador Arturo Sarukhan, cuya labor es reconocida por propios y extraños, y al magnífico equipo que maneja día a día la relación bilateral desde la Cancillería y administra el progreso de la Iniciativa Mérida.
Ello no significa que no fueran a surgir nuevos desafíos, que ya han aparecido, de los que enumero sólo algunos que a mi juicio requieren atención inmediata:
Ciertas autoridades federales y locales están ya interpretando el cambio de énfasis que la administración del Presidente Enrique Peña Nieto está dando a la “guerra contra el narco,” al priorizar la disminución de la violencia en México sobre la estrategia de decapitar a las organizaciones criminales, como que el nuevo gobierno mexicano está “dejando de cooperar” con EU.
Atribuyen lo anterior al prejuicio que siempre acompaña a toda mención del PRI en ese país como el partido que “gobernó México autoritaria y corruptamente durante 71 años.” Como toda frase propagandística reiterada por décadas en incontables ocasiones, ésta se ha vuelto parte integral de la imagen del PRI en EU.
Por fortuna, ningún funcionario mexicano está tan bien preparado como Medina Mora para contrarrestar tales tonterías pues conoce los temas a fondo y cuenta con la amistad y confianza de los principales encargados de la seguridad nacional y el combate al crimen transnacional en EU, pues trabajó muy de cerca con ellos como Procurador General entre 2006 y 2010.
Parte importante del debate en esta materia incluye los enormes y crecientes costos en los que incurre el gobierno de EU para controlar los flujos migratorios provenientes de México y para perseguir y deportar a los inmigrantes sin documentos. En un estudio publicado el lunes pasado por el Instituto de Políticas Migratorias, se aprecia que EU gastó 18 mil millones de dólares el año pasado en diversos programas de control fronterizo, 3,600 millones más que los presupuestos sumados del FBI, la DEA, ATF (agencia que supervisa armas, tabaco, alcohol y explosivos) y el Servicio Secreto.
Al igual que en el caso de las reformas migratorias e independientemente de que muchos mexicanos hayan muerto con armas compradas en EU y contrabandeadas a nuestro país, la posición oficial del gobierno mexicano debe ser circunspecta y respetuosa de la decisiones soberanas que les tocará adoptar a las autoridades de nuestro vecinos.
A la agenda anterior, impuesta por las circunstancias, hay que sumar nuestras prioridades, que ya habrá ocasión de discutir: ¡Lo que está claro es que Medina Mora no se aburrirá en Washington!