1/30/2013
Hambre y comercio (I)
Arturo Damm

La Cruzada Nacional contra el Hambre tiene los siguientes objetivos: 1) acabar con el hambre (¿cuál es el porcentaje real de mexicanos que padecen hambre?; ¿el que corresponde a los 7.4 millones de personas señaladas por el gobierno?; 2) terminar con la desnutrición, sobre todo entre los niños (dejando claro que una cosa es el hambre y otra la desnutrición: una persona bien comida puede estar mal nutrida); 3) aumentar la producción de alimentos en el país (¿y no sería mejor centrar la atención en el aumento de la oferta de alimentos, independientemente de dónde se hayan producido?); 4) evitar la pérdida de cosechas (objetivo que está ligado con el anterior: entre menos cosechas se pierdan más aumentará la producción de alimentos en el país); 5) propiciar la participación social (¿quién puede oponerse a una mayor participación de la gente en la lucha contra el hambre, sobre todo si la misma es, ¡tal y como debe ser!, voluntaria?).

El gobierno ha dicho que la Cruzada no es un programa asistencialista más (siendo tales los que se dedican solamente a aliviar, por medio de la redistribución gubernamental del ingreso, el efecto de la pobreza, que es la carencia de los satisfactores indispensables para satisfacer, por lo menos, las necesidades básicas, sin eliminar la causa de la pobreza, que es la incapacidad para, por medio de un trabajo productivo, generar un ingreso suficiente para, como mínimo, adquirir los satisfactores necesarios para satisfacer las necesidades básicas), por lo que, si se habla en serio, se deben dar las condiciones para que, no gracias a la redistribución gubernamental del ingreso, sino al trabajo productivo de cada quien, se satisfagan las necesidades.

Una de esas condiciones es que los satisfactores, sobre todo aquellos destinados a la satisfacción de las necesidades básicas (que son aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan contra la salud y la vida del ser humano, tal y como es el caso de la necesidad que tenemos de alimentarnos), se ofrezcan al menor precio posible, para lo cual se requiere que en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, se dé la mayor competencia posible entre los oferentes, debiéndose de tener muy claro que lo que importa es la competencia, no la nacionalidad de los competidores, por lo que la oferta de esos satisfactores bien puede ser solamente extranjera, por más que esta afirmación escandalice a los defensores del nacionalismo económico, todos ello mercantilistas trasnochados, cuya tesis es exactamente la contraria: lo que importa no es la mayor competencia posible entre oferentes de todas las nacionalidades; no, lo que importa es que, al margen del costo de producción, y por lo tanto del precio al consumidor, se produzca en el país, como si la actividad económica más importante fuera la producción y no el consumo.

Si mi posición es correcta, y lo es, entonces el tercer objetivo de la Cruzada, aumentar la producción de alimentos, debe ser sustituido por aumentar la oferta de alimentos.

Continuará.



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