3/19/2014
Bono Global, ¿lo correcto? (I)
Arturo Damm

El 12 de marzo, con bombos y platillos, la Secretaría de Hacienda anunció, y cito del comunicado oficial, que “el día de hoy, el Gobierno Federal realizó una emisión en los mercados internacionales de 1,000 millones de libras esterlinas (aproximadamente 1,660 millones de dólares), mediante la colocación de un Bono Global con vencimiento en 100 años”, todo lo cual, lo presume Hacienda, supone     que el “Gobierno Federal es el primer emisor soberano, y el segundo en el mundo, en colocar un bono a un plazo de 100 años en libras esterlinas”, siendo ésta “la primera transacción del Gobierno Federal en los mercados internacionales de capitales tras alcanzar una calificación crediticia de categoría “A” por una de las tres principales agencias calificadoras”, lo cual, sigue presumiendo Hacienda, “representa el regreso del Gobierno Federal como emisor al mercado de libras esterlinas, después de 10 años de ausencia”, rematando con la siguiente afirmación: “Las condiciones alcanzadas para la emisión, así como la extensa participación de los inversionistas internacionales, reflejan la confianza en el manejo macroeconómico de las finanzas públicas del Gobierno Federal y el efecto de las reformas estructurales aprobadas recientemente”, todo lo cual es cierto, pero no necesariamente correcto.

Más allá de lo dicho por Hacienda –cierto, ¡pero no necesariamente correcto!–, ¿qué significa que el gobierno de Peña Nieto haya contraído una deuda a 100 años? En primer lugar, que otro gobierno, el que esté en el poder dentro de 100 años, tendrá que pagar una deuda que no contrajo. Sé que estas son las reglas del juego, por las que el actual gobierno tendrá que pagar deudas que no contrajo, lo cual puede justificar el que contraiga deudas que no tendrá que pagar. Todo ello es cierto, pero la pregunta es si es correcto, sobre todo desde el punto de vista de los incentivos que tales reglas del juego generan, en concreto desde la perspectiva del riesgo moral que ocasionan en materia de contracción de deuda por parte del gobierno. El riesgo moral –leemos en Wikipedia– “nos informa de cómo los individuos asumen en sus decisiones mayores riesgos cuando las posibles consecuencias negativas de sus actos no son asumidas por ellos, sino por un tercero”, precisamente lo que sucede cuando uno es el que pide prestado y otro será el que tendrá que pagar, ¡y todo ello a 100 años!

En segundo lugar, que el gobierno de Peña Nieto haya contraído una deuda a 100 años (de hecho a cualquier plazo), supone que, si realmente se han de liquidar esos pasivos, y no solamente se han de hacer malabares con los mismos (¡ah, las ilusiones de la ingeniería financiera!), serán los contribuyentes quienes se verán obligados a liquidar tal deuda, ya sea pagando más impuestos y recibiendo lo mismo a cambio, ya sea recibiendo menos a cambio y pagando los mismos impuestos, tal y como ya en su momento lo señaló David Ricardo: la deuda de hoy del gobierno serán más impuestos mañana (como que dos más dos son cuatro).

Continuará.



«Regresar a la página de inicio