9/1/2014
La reforma fiscal pendiente (I)
Arturo Damm

De las seis reformas institucionales (ésta, institucional, es la palabra correcta, no estructural) relacionadas con la economía –laboral, financiera, de competencia, de telecomunicaciones, energética y fiscal (ésta, fiscal, es la palabra correcta, no hacendaria)– todas, perfectible cada una, apuntan en la dirección correcta, salvo en el caso de la fiscal, que agravó el engendro fiscal que padecemos, tanto por el lado de los ingresos del gobierno, impuestos y deuda, como por el frente del gasto gubernamental, que se divide en tres grandes rubros. Primero, gasto social: protección social; educación; salud; vivienda y servicios a la comunidad; protección ambiental; recreación y cultura. Segundo, gasto económico: combustibles y energía; transporte; actividades agropecuarias, silvícolas, caza y pesca; ciencia, tecnología e innovación; asuntos económicos, comerciales y laborales; comunicaciones y turismo; minería, manufacturas y construcción. Tercero, gasto en gobierno: justicia; seguridad nacional; asuntos de orden público y seguridad interior; asuntos financieros y hacendarios; coordinación de las políticas gubernamentales; legislación; relaciones exteriores.

La contrarreforma fiscal no fue otra cosa más que un alza de impuestos, con el fin de recaudar más para gastar más, olvidando el objetivo general de las reformas institucionales: elevar la competitividad del país, definida como la capacidad de la nación para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que son las que abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos y generan ingresos, inversiones directas de las cuales depende el crecimiento de la economía, medido por el comportamiento de la producción de bienes y servicios. La competitividad de un país depende, entre otras muchas variables, ¡pero de manera muy importante!, de los impuestos, de tal manera que podemos establecer la siguiente relación: a más impuestos menor competitividad y, por ello, menos inversión directa y menor crecimiento.

A lo largo del primer semestre de 2013 el cobro de impuestos del Gobierno Federal sumó 789 mil 187 millones de pesos. Un año después, entre enero y junio pasados, la recaudación alcanzó los 923 mil 864 millones de pesos, lo cual dio como resultado un aumento, en términos reales, del 12.7 por ciento, lo cual hizo posible que el gasto del Gobierno Federal creciera, en términos reales, y comparando enero – junio del 2014 con enero - junio de 2013, en 11.2 por ciento. ¿En cuánto creció, en términos reales, la producción de bienes y servicios, comparando el primer semestre de 2014 con el mismo período del 2013? 1.8 por ciento.

¿Hasta qué punto la contrarreforma fiscal, que agravó el engendro tributario que padecemos, no le restará eficacia a las otras cinco reformas institucionales en la tarea de elevar la competitividad del país, con el fin de que se invierta más y se logre un crecimiento económico, sostenido, del 5 por ciento? Y sobre todo, ¿hay alternativas?

Continuará.



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