9/9/2014
La plata o la reforma estructural que falta
Fernando Amerlinck

No creo que haya en el mundo un producto valioso más barato que una onza troy de plata pura. El día que esto escribo, cuesta $322. En dólares, el precio internacional es de $19.19.

La plata y el oro, dicen los que saben, son víctimas de una manipulación para mantener bajos sus precios. El de la plata ha bajado a niveles absurdos.

El oro se usa principalmente para reservas monetarias y joyería pero la plata tiene cada vez más usos industriales, desde los paneles solares hasta los antibióticos, pasando por tu computadora y mi celular. El 62% de toda la plata tiene aplicaciones industriales y el único sucedáneo para la plata es... el oro.

Desde 2011 a 2013 la demanda de plata aumenta 1%. La oferta disminuye 5.7%. Y su precio baja 45% de 2011 a hoy.

¿Lógico? No mucho. ¿Por? Manipulación en Londres y Estados Unidos. ¿Cómo? No importa; no podemos influir en ella. Lo importante es que hoy no encuentro un solo producto valioso más barato que la plata. Hace dos semanas estaba a $295 y hoy a $322 en Banco Azteca.

No sé cómo esté cuando leas estas líneas pero sigue siendo baratísima. No tengo duda (y la gente que sabe tampoco) de que el sistema monetario internacional está por reventar. Para entonces, quien haya ahorrado en onzas Libertad de plata tendrá una reserva de valor que le ayudará a sortear la irremediable tempestad.

El gran remezón de 2008 parece superado pero sólo a base de que EEUU triplicara su deuda pública y emitiera más dólares de papel que nunca desde que esa moneda existe (nació copiando una pieza mexicana de 8 reales de plata). Así de sólida es la “recuperación” económica (con cifras mentirosas y manipuladas además), pero sólo por llamarla recuperación parece un problema resuelto.

Con un costo infame de moneda de papel y deudas impagables, ¿puede alguien en su sano juicio suponer que no habrá consecuencias? Algunas son claras: todo sistema monetario sin base en valor firme es efímero; toda moneda fiduciaria ha muerto, sin excepción alguna en toda la historia. La única excepción a la muerte anunciada ocurre cuando esa moneda fiat aún no ha muerto. Igual pasa con el que se lanza desde el piso 34 de un edificio y cuando va por el quinto piso dice “no hay problema”.

Toda muerte es anunciada desde el nacimiento pero estamos acostumbrados a estar vivos. Así pasa con la moneda, el tiempo actual o el mundo que conocemos: parecen permanentes. Pero para la moneda fiduciaria se acerca el fin. Vale la pena tomar providencias.

Mike Maloney (http://www.hiddensecretsofmoney.com) ha descubierto que cada 30 a 40 años cambia el sistema monetario. Antes de la I Guerra cada billete de EEUU era un certificado por esa cantidad de oro depositada en reservas. Luego de 1914 legalizaron la falsificación, con más certificados que reservas. En 1944, en Bretton Woods fijaron en 35 dólares una onza. Nixon en 1971 deshizo ese arreglo de 27 años y todos los dólares fueron de papel. Desde entonces (43 años) toda moneda en el mundo es fiduciaria (ficticia). Y abundan las presiones para sustituir al devaluadísimo dólar: 43 años después, una onza de oro cuesta 36 veces más.

Países petroleros de Medio Oriente presionan para abandonar el dólar. Lo hicieron Gaddafi y Saddam Hussein (y así les fue) pero cuidado con China y Rusia, que pretenden lo mismo. Los días del dólar fiduciario están contados. Pero acá en México, ¿qué hacer?

La solución es la plata. Más que nunca.

Hace ya casi dos décadas D. Hugo Salinas mantiene una propuesta (plata.com.mx) que ocupa un destacado lugar entre los pendientes del Congreso de la Unión. En tiempos de grandes reformas legislativas falta una para completar la docena: la Reforma Monetaria. Tal iniciativa es sencilla y elegante. Lo esencial:

Hoy las onzas son ahorro pero con dos desventajas: a) su valor puede bajar porque la plata es una mercancía. b) hay un diferencial entre compra y venta, como con toda mercancía. Mas aun con estas desventajas, no conozco mejor modo de proteger mi patrimonio que con onzas físicas de plata.

En mi generación sabemos que las devaluaciones ocurren mientras dormimos sobre nuestras certezas y paradigmas. Hoy dicen que no es posible una devaluación contra el dólar porque las reservas (en dólares) son altas, porque hay mercado libre de divisas, o por nuestras fortalezas estructurales. Quizá tengan razón respecto al dólar pero es inevitable una devaluación contra el oro y la plata.

Más vale diez años antes que medio minuto después, saben los inversionistas prudentes que no dicen “llegué demasiado tarde; ¿por qué no lo hice a tiempo?”

Contra una devaluación es de elemental responsabilidad un seguro. Los seguros cuestan y parecen inservibles cuando no pasa nada pero son una bendición cuando sí pasa. Ante un sistema fiscal que ataca a los productores y beneficia a los improductivos (sindicalizados o no), y castiga con impuestos ¡¡¡el ahorro!!! la mejor manera de preservar el patrimonio es con bienes físicos. El más sencillo y valioso, además de muy barato, es la plata.

El país del dólar no estará entusiasmado cuando en su traspatio hagan la hombrada de construir el mejor sistema monetario del mundo, si bien sería paralelo al peso y sin dejar la ligazón con el dólar. ¿Será suficiente ese temor a la opinión imperial para evitar algo tan conveniente para el pueblo mexicano —especialmente para los más pobres, que no pueden aprovechar los intríngulis de la moneda fiduciaria y las raras ventajas de los manipulados mercados? Ante la inminente caída del actual sistema monetario y una crisis económica que haga palidecer a la de 2008, la plata resulta indispensable. Es ésa la reforma pendiente. Y está en manos del Congreso de la Unión.

La solución es la plata. Más que nunca. 



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