El crecimiento de la economía, medido por el comportamiento de la producción de bienes y servicios, depende de las inversiones directas, que abren y apuntalan empresas, producen bienes y servicios, crean empleos, y generan ingresos, mismas que pueden medirse por medio de la inversión fija bruta, que se realiza en instalaciones, maquinaria y equipo, proporcionando la infraestructura física para llevar a cabo los procesos de producción de bienes y servicios, cuyo comportamiento se utiliza para medir el crecimiento de la economía.
En 2012, último año de la administración de Calderón, la inversión fija bruta creció 4.8 por ciento y la economía lo hizo al 4.0 por ciento. En 2013, primer año del sexenio de Peña, la inversión fija bruta decreció 1.6 por ciento y la economía creció solo 1.4 puntos porcentuales, dando lugar al fenómeno que he bautizado como el “atorón”, y que encuentra su causa en la contracción de la inversión fija bruta, que tuvo como efecto la caída en la tasa de crecimiento de la economía, restando responder la pregunta por las causas de la contracción en esa inversión, la fija bruta.
Para responder correctamente tengamos en cuenta lo siguiente (que para mí es un dato revelador): en noviembre de 2012, último mes del gobierno calderonista, la inversión fija bruta registró una variación anual de 6.3 por ciento. Un mes después, en diciembre de aquel año, primer mes de la administración peñista, la inversión fija bruta registró una variación anual de menos 1.6 por ciento. En un mes pasamos, en materia de inversión fija bruta, de un crecimiento del 6.3 a un decrecimiento del 1.6 por ciento. ¿Cuáles fueron las causas de tal comportamiento?
En primer lugar (y presento mi interpretación de lo sucedido), el cambio de gobierno, lo cual, en un país poco institucionalizado como el nuestro, generó inseguridad y desconfianza, lo que se tradujo en menos inversiones. En segundo término, el regreso del PRI a Los Pinos, lo cual, dados los antecedentes del partido, ocasionó inseguridad y desconfianza, con el efecto negativo sobre las inversiones. En tercer lugar, la certeza, a partir de la firma del Pacto por México, de que ahora sí iban a realizarse las reformas, lo cual, mientras no se tuvo claro el sentido y alcance de las mismas, ocasionó inseguridad y desconfianza, con sus consecuencias negativas sobre las inversiones. Por último, el hecho de que la reforma fiscal, la que más podía afectar el bolsillo de la gente, se dejó para el final, septiembre de 2013, ¡siendo que debería haber sido la primera en presentarse!, lo cual abonó a la inseguridad y desconfianza, y al efecto negativo sobre las inversiones, causa del “atorón”, que siguió presente en 2014. En 2015, ¿se superará?
Continuará.