1/28/2015
Actividad económica, ¿volviendo a la realidad?
Arturo Damm

En noviembre pasado, último mes reportado por el INEGI, el crecimiento anual (comparando noviembre de 2014 con noviembre de 2013) de la actividad económica (medida por el Indicador Global de la Actividad Económica, IGAE, no por el Producto Interno Bruto, PIB) fue 2.04 por ciento. ¿Bueno o malo? Veamos.

En noviembre de 2012, antes del “atorón” del 2013, la actividad económica creció 4.47 por ciento. Un año después, noviembre de 2013, y en pleno “atorón”, el crecimiento fue 0.32 por ciento. Transcurrido un año más, noviembre pasado, la actividad económica registró el ya citado crecimiento del 2.04 por ciento, superior al 0.32 del 2013, bueno, pero inferior al 4.47 del 2012, malo.

Además, hay que tomar en cuenta lo siguiente. En septiembre pasado la actividad económica creció 3.01 por ciento, en octubre el crecimiento se redujo a 2.69, y en noviembre volvió a reducirse a 2.04. Sumamos dos meses consecutivos con crecimiento cada vez menor, malo.

Sin embargo, consideremos esto: entre 2001 y 2013 el crecimiento promedio anual de la actividad económica fue 1.75 por ciento, ¡por demás mediocre!, siendo que en noviembre pasado resultó del 2.04 por ciento, por arriba del promedio, lo cual quiere decir que, en noviembre, estuvimos mejor (o menos mal) de lo normal, bueno (pero todavía lejos de lo mejor).

Resumiendo. 1) En noviembre pasado la actividad económica creció más que en noviembre de 2013 (bueno) pero menos que en noviembre de 2012 (malo). 2) En noviembre pasado la actividad económica creció menos que en septiembre y octubre pasados (malo). 3) En noviembre pasado la actividad económica creció por arriba del crecimiento promedio entre 2001 y 2013 (bueno). Así las cosas, ¿qué tan firmemente estamos superando el “atorón” del 2013?, y, todavía más importante, ¿superado el mismo superaremos también el crecimiento promedio del 1.75 por ciento? Todo dependerá de la inversión directa, que abre empresas, produce bines y servicios, crea empleos, y genera ingresos, inversión directa que depende de la competitividad del país, que deja mucho que desear.



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