El crecimiento económico, que se mide por el comportamiento de la producción de bienes y servicios, depende de la inversión directa, que abre o apuntala empresas, produce bienes y servicios, crea empleos, genera ingresos. Sin que exista una relación uno a uno entre inversión y crecimiento, sí existe una relación directa: a más inversión mayor crecimiento, y viceversa, razón por la cual el comportamiento de la primera es importante, pudiéndose medir por la evolución de la inversión fija bruta, que se realiza en instalaciones, maquinaria y equipo, aportando la infraestructura física para producir los bienes y servicios.
En términos anuales (comparando cada mes con el mismo mes del año anterior), en agosto de 2014 la inversión fija bruta creció 4.0 por ciento; 5.6 en septiembre; 6.8 en octubre; 4.7 en noviembre (último mes reportado por el INEGI). No mantuvimos la tendencia alcista. También en términos anuales, en noviembre de 2012 la inversión fija bruta creció 6.3 por ciento; menos 4.4 en 2013; 4.7 en 2014, mejor que en 2013 pero no tan bien como en 2012.
En términos mensuales (comparando cada mes con el mes anterior), en agosto de 2014 la inversión fija bruta creció 0.14 por ciento; menos 0.35 en septiembre; 1.92 en octubre; 0.27 en noviembre. No mantuvimos la tendencia alcista. Nuevamente en términos mensuales, en noviembre de 2012 la inversión fija bruta creció 0.93 por ciento; 1.92 en 2013; 0.27 en 2014, el peor noviembre de los últimos tres años.
De todos estos números, cuál es el que mejor responde a la pregunta ¿cómo va la inversión? El que compara noviembre (0.27 por ciento) con octubre (1.92 por ciento), noviembre que registró una importante caída (del 87.5 por ciento) en la tasa de crecimiento de la inversión fija bruta que, si bien está creciendo, todavía no lo hace de manera sostenida, para lo cual hay que apuntalar la competitividad de México, definida como la capacidad para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, competitividad que en nuestro país deja que desear.