El desempeño de una economía debe medirse, al final de cuentas, o por principio de ellas, a nivel de la economía familiar, y a ese nivel una variable clave, de la cual depende el bienestar de los miembros de la familia, es el consumo, medido por la compra de bienes y servicios para el consumo final. En este frente, ¿cómo vamos?
En noviembre pasado, último mes reportado por el INEGI, y en términos mensuales (comparando cada mes con el mes anterior), el consumo familiar (que mide el comportamiento del gasto realizado por los hogares en bienes y servicios de consumo, excluidas compras de viviendas u objetos valiosos) decreció 0.1 por ciento. ¿Bien, regular o mal? En noviembre del 2012, antes del “atorón”, el consumo familiar creció 1.1 por ciento. En noviembre de 2013, el año del “atorón”, el consumo familiar decreció 0.4 por ciento. Así las cosas, en noviembre pasado el consumo familiar decreció (malo), pero menos que en 2013 (bueno), y lejos del resultado del 2012 (malo).
Todo lo anterior tomando en cuenta solo el resultado de noviembre, que pudo haber sido, desde un mes malo, hasta uno atípico, como de hecho fue. No olvidemos que del 14 al 17 de noviembre se llevó a cabo el Buen Fin, con todo lo que ello implica en términos de incentivos a las compras de bienes y servicios, pese a lo cual éstas resultaron 0.1 por ciento menores que las de octubre.
De enero a noviembre del 2012, antes del “atorón”, el consumo familiar creció, en promedio mensual, 0.33 por ciento. Entre enero y noviembre del 2013, durante el “atorón”, creció 0.02 por ciento. De enero a noviembre del 2014, ¿superado el “atorón”?, lo hizo al 0.26 por ciento, por arriba del 2013 (bien), pero por debajo del 2012 (mal), lo cual quiere decir que en este rubro, tan importante para medir el desempeño de la economía, no hemos superado el “atorón”, es decir, no hemos recuperado el nivel del 2012, antes del mismo.