3/25/2015
Presupuesto base cero, ¿hasta dónde?
Arturo Damm

En un hecho innegable que el gobierno, comenzando por el Federal, gasta en lo que no debe, en cosas que nada tienen que ver con las legítimas funciones de un gobierno, razón por la cual de entrada gasta de más, y en muchos casos (¿qué porcentaje del total?) gasta de mala manera, de forma deshonesta e ineficaz, lo cual se traduce, para empezar, en un cobro excesivo de impuestos, siempre en contra del ingreso y el patrimonio de los contribuyentes, algo que, por decir lo menos, resulta injusto.

El gasto del gobierno tiene excesos (se gasta en lo que no se debería gastar, como es, un par de ejemplos entre muchos otros, en el incentivo a la cultura –Conaculta- o en la promoción del deporte –Conade-), y, tal vez por ello, presenta defectos (no se gasta bien en lo que sí debería de gastarse bien, y pongo los dos casos más graves: seguridad contra la delincuencia e impartición de justicia), razón por la cual, en primera instancia, resulta una buena noticia la intención del gobierno de armar, para el año 2016, un presupuesto base cero, que supone empezar, en términos generales, por revisar en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno, para eliminar los excesos y defectos del gasto gubernamental, para superar la inercia presupuestal (el año entrante se gastará más o menos igual a como se gastó este año, y este año se está gastando más o menos igual a como se gastó el año pasado), inercia presupuestal que no solo impide eliminar los excesos y defectos del gasto sino que los agrava al paso del tiempo.

La idea del presupuesto base cero es buena, pero la primera pregunta que plantea es hasta dónde se puede llevar en la práctica, ya que la misma afectaría los intereses de muchas clientelas presupuestarias, las que, de mala manera, se benefician de alguna partida del gasto gubernamental. Ese será el problema, las clientelas presupuestarias, y lo que ellas representan para el gobierno: incondicionalidad y votos.



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