En las elecciones intermedias del 2009 los partidos socialistas (Partido de la Revolución Democrática, Partido del Trabajo y Convergencia) obtuvieron el 18.4 por ciento de los votos. En las elecciones pasadas consiguieron (Partido de la Revolución Democrática, Partido del Trabajo, Movimiento Ciudadano y Morena) el 29.7, lo cual significó un aumento del 61.4 por ciento a favor del socialismo.
Para tener la imagen completa hay que considerar que el PRI es esencialmente un partido de izquierda (accidentalmente ha sido muchas cosas, desde comunista hasta neoliberal), afiliado a la Internacional Socialista, claramente a favor de la redistribución de la riqueza (muestra de este gobierno: la cruzada nacional contra el hambre) y, en mayor o menor medida, en contra de su creación (muestra de este gobierno: la contrarreforma fiscal).
Si al 29.7 por ciento de votos que obtuvieron los partidos socialistas le sumamos el 29.0 por ciento que obtuvo el PRI el resultado es un 58.7 por ciento favorable al socialismo, a favor del laissez faire pero en contra del laissez avoir, posición contradictoria porque ambos son las dos caras de la misma moneda: dejar trabajar y, consecuencia lógica, dejar poseer el producto del trabajo.