8/11/2015
Planea
Isaac Katz

En medio de muchas noticias de alto impacto mediático (el asesinato en la colonia Narvarte, la histeria colectiva con el tipo de cambio, el nombramiento de Beltrones como presidente del PRI, nuevos escándalos de corrupción, etcétera), poca atención mereció la presentación por parte de la Secretaria de Educación Pública y el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación de los resultados del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (Planea) que se aplicó a los alumnos que egresaron este año de la educación media superior, prueba que sustituyó a Enlace. Para ponerlo en tres palabras: un absoluto desastre. Una evidencia más de lo pésimo que está México en materia educativa. Los resultados son realmente alarmantes.

Del total de alumnos evaluados, 81.2% tuvieron serias dificultades en matemáticas; el 51% de ellos solo puede realizar operaciones aritméticas básicas con números enteros. En lectura y comprensión, el 64.2% tiene importantes deficiencias; peor aún, el 43% de los evaluados es simplemente incapaz de comprender un texto. Cabe señalar que estos pésimos resultados se registraron tanto en preparatorias públicas como privadas.

Independientemente de la pregunta de por qué obtienen su diploma de preparatoria con semejantes deficiencias, las implicaciones son muy graves. Primero, las deficiencias con las que están saliendo de la preparatoria reflejan en gran medida la pésima educación que recibieron en los niveles inferiores como lo demuestran los exámenes recientemente aplicados a los profesores: maestros que no dominan las materias que tienen que enseñar deriva en alumnos que no aprenden.

Segundo, con tales deficiencias al terminar la educación media superior, aquellos que ingresen a las universidades no contarán con los conocimientos mínimos requeridos para tener un buen desempeño en sus estudios. Muchos desertarán, pero también muchos obtendrán su título universitario sin estar plenamente capacitados para ejercer su profesión.

Tercero, para la mayoría que salen de preparatoria y que ingresan directamente al mercado laboral sus perspectivas de empleo y de salarios son notoriamente malas. No tener conocimientos básicos de matemáticas y de lenguaje los condena a empleos con una muy baja remuneración, con las implicaciones que ello tiene sobre su nivel de bienestar.

Cuarto, las implicaciones sobre el desarrollo económico. Tener una fuerza laboral que egresó del sistema educativo con una muy mala preparación deriva en una muy baja productividad. Más aún, si los trabajadores no tienen los conocimientos básicos, el costo para las empresas de introducir cambios tecnológicos es mayor. Una fuerza laboral poco capacitada no puede ajustarse fácilmente a nuevas tecnologías de producción lo cual a su  vez repercute en un estancamiento de la productividad factorial total y en bajas tasas de crecimiento económico. Vivimos en la era del conocimiento y si nuestros jóvenes no tienen la capacitación necesaria en matemáticas, lenguaje y dominio del inglés (como lo demostró el estudio que hicieron al respecto Mexicanos Primero y el Instituto Mexicano para la Competitividad), las perspectivas de mayor desarrollo económico no son muy buenas.

Es claro que la mejor inversión que un país puede hacer, socialmente hablando, es en capital humano. Una población más y mejor educada deriva en mayores niveles de desarrollo económico. El sistema educativo mexicano se diseñó para atender un creciente número de alumnos sin darle mayor importancia a la calidad; el objetivo de la reforma educativa es revertir esta deficiencia. Profesores más capacitados en conocimientos y en pedagogía, a la larga resultarán en una fuerza laboral mejor preparada. Tardará muchos años en manifestarse pero es la apuesta que como país tenemos que hacer.



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