La fuerza de Donald Trump en Iowa no fue más que una ilusión que duró hasta la mañana del lunes en la que, el supuesto favorito del Partido Republicano, presidió un mitin en la ciudad de Waterloo. Con apariencia de gran agotamiento fue recibido por una callada y reducida audiencia, más de la mitad de los asientos disponibles estaban vacíos.
Trump fue claro en su discurso, en lugar de fanáticos necesitaba gente que saliera y participara en las reuniones electorales, gente que saliera a votar por él aun cuando estuviera en cama enferma. El lunes en la mañana las encuestas lo daban ganador por 5 puntos sobre Ted Cruz tras pasar la mayor parte del año debajo de él por un par de puntos. La declaración de apoyo de la ex-gobernadora de Alaska, Sarah Palin, a mediados de enero le sirvió para remontar esa tendencia en las encuestas. Claro que si algo nos enseñó Ludwig von Mises es que las preferencias se demuestran en la acción y quienes contestaron “Trump” en la encuesta al llegar a las casillas pensaron que la única forma de “volver a engrandecer a América” no es una tarea para un empresario famoso con una lengua muy larga sino de un político con una lengua muy larga.
Ted Cruz se llevó a casa la victoria con poco más de 3 puntos de ventaja por encima de Trump, quien quedó segundo, y que tendrá que cuidarse la espalda de un Marco Rubio cuyo mensaje a sus simpatizantes dejo ver que el tercer lugar que obtuvo le supo a una gran victoria. La importancia de esta elección, aseguró Rubio, es evitar que Sanders o Clinton lleven esa “gran nación” a la decadencia; esa tarea debe caer, por supuesto, en manos de un Republicano.
El favorito de muchos libertarios, Rand Paul, logró sumar un delegado al obtener 4.5% de la votación. Paul no logró ser ni la sombra de su padre que hace 4 años obtuvo un 21.5% en esta misma instancia. Rand sin embargo aseguró que aún no abandonaría la carrera lo que no fue sorpresa dado su sobresaliente desempeño en el último debate… unas horas más tarde decidió abandonar la carrera dejando una gran confusión entre quienes afirmaban que Rand necesitaba “dar un mensaje menos radical y más pragmático” para llegar más lejos que Ron.
Mientras se comienza a aclarar el panorama del Republicano, la elección en el Demócrata me deja bastante preocupado, Sanders sigue con gran fuerza, perdiendo en Iowa por menos de un punto porcentual debajo de Hillary Clinton. Lo que parece un triunfo para Clinton es un empate técnico que favorece a Sanders quien no tardó en exigir que se publiquen las votaciones esperando demostrar que voto por voto fue más popular que su oponente.
La siguiente parada en las elecciones internas es Nuevo Hampshire donde hasta el 1ero de febrero Bernie Sanders aparece en las encuestas con un 63% de popularidad, más del doble que Hillary Clinton.
Aún faltan 49 estados y un par de territorios en la elección y cualquier cosa podría pasar, pero debemos estar preparados para lo que viene. En los posibles enfrentamientos las encuestas dan como favorito a Sanders por encima de todos los posibles Republicanos menos Marco Rubio. Una catástrofe como Sanders Vs. Trump aún es posible. Las críticas al programa populista de Bernie Sanders son muchas y están llegando desde académicos de todas las posturas del espectro político; incluso izquierdistas de la talla de Paul Krugman han hablado en más de una ocasión sobre los absurdos del programa de Sanders, pero sus seguidores han preferido la irracionalidad y la fe, publicaciones como Salon, In this times y Huffpo se dedican, en la medida de lo posible, a desmentir los ataques hacia Sanders acusando casi invariablemente a los críticos (incluido Krugman) de estar defendiendo los intereses de los billonarios de Wall Street para impedir que Sanders les haga sentir el fuego (“Feel the Bern” es el lema de su campaña, un juego de palabras entre su nombre y la frase “Feel the Burn” o “Siente la quemadura”).
Como ejemplo, recientemente el Think-tank norteamericano Third Way mostró que la propuesta de reforma del sistema de seguridad social que propone Bernie Sanders sería lo opuesto a progresivo ya que otorgaría 42 mil millones de dólares en beneficios al quintil más rico de la población norteamericana mientras que el quintil más pobre recibiría sólo ocho mil millones. Además de demostrar que, a pesar de las grandes alzas de impuestos que propone Sanders, no se podría recaudar suficiente dinero para financiar este programa que invariablemente llevaría a la quiebra al sistema de seguridad social 25 años antes que un plan de gasto responsable. La respuesta de los voceros de Sanders ante la abrumadora evidencia fue sencilla: “No nos sorprende que un grupo financiado por Wall Street ataque el plan del senador para aumentar los beneficios de seguridad social para todos los americanos”, publicaron.
Otros han atacado el aún más inverosímil plan de otorgar educación universitaria gratuita a todos, pero la respuesta es la misma, si hablas mal del senador seguro estás en la nómina de algún billonario de Wall Street.
En medio de toda la irracionalidad que ha caracterizado esta carrera electoral, los simpatizantes de Hillary Clinton decidieron combatir el fuego con fuego y han comenzado a jugar la carta de “yo soy mujer” (entre Voto por voto y Soy mujer, esta elección resulta ya más familiar de lo que debería), la revista Cosmopolitan lanzó el pasado 28 de enero una nota titulada “¿Realmente no te gusta Hillary Clinton, o simplemente eres sexista?”, en la que dicen que los rumores sobre las mentiras de Clinton son motivados por el sexismo de los medios y la política. Igual que en su momento estar contra Obama era ser racista, buscan que estar contra Clinton sea ser machista.
Tal vez podría ocupar estas últimas líneas en desmentir esa falacia pero es una mentira que podría resultar útil para, por así decirlo, evitarnos sentir el fuego al menos de hoy al 14 de junio.
Recientemente Hugo González del Movimiento Libertario de México lanzó una advertencia al votante norteamericano: “Si se preguntan cómo se siente el Fuego (how the “Bern” Feels), en Venezuela lo han estado sintiendo por 15 años ya”, dijo. Por supuesto no nos sorprende que alguien como Hugo, que recibe dinero de Wall Street, haga esa clase de declaraciones.