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Columnas > Aquelarre Económico
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Biocombustibles
Manuel Suárez Mier
Se ha puesto de moda promover la
adopción de los llamados combustibles biológicos por sus supuestas virtudes
para remplazar a los energéticos derivados del petróleo, la mayor parte del
cual se encuentra en territorios políticamente inestables, y por ser menos
dañino contra el medio ambiente. Como todas las modas, la de promover
el etanol no se le analiza sino que se adopta. Ahora vemos todos los días a los
dirigentes del mundo posando en emotivas fotos frente a hermosos campos de maíz,
presumiendo sus credenciales de ecologistas preocupados por la salud del
planeta. La adopción de los biocombustibles representa la vuelta completa de un ciclo,
pues los medios de locomoción de nuestros ancestros previos a la invención del
motor de combustión interna, eran jalados por animales de tiro que se
alimentaban de granos y heno. Los análisis realizados por
científicos de la universidad de Minnesota sobre los costos
y los beneficios de los biocombustibles, sin embargo,
llegan a conclusiones que ponen en entredicho la nueva moda, pues sí producen
energía pero no mucha. El etanol a partir del maíz genera sólo
un 20% neto de cada litro producido de energético, pues cosechar el grano
consume el 80% restante en energía fósil, debido a que producir maíz, al menos en
la forma más eficiente como ocurre en las grandes praderas, requiere tractores
que demandan diesel, fertilizantes que usan gas natural y refinerías que destilan
el etanol con combustibles fósiles. Si los casi 30 millones de hectáreas
en los que se produjo maíz en EU el año pasado –equivalentes a toda el área
susceptible de explotación agrícola con la cuenta México- se dedicara a producir
etanol, lo obtenido representaría apenas el 12% de la gasolina que se consume
en ese país. La energía neta no fósil generada en
el ejemplo anterior, constituiría apenas el 2.4% de lo que demanda del mercado vehicular
estadounidense, monto inferior al que se ahorraría si los vehículos estuvieran
bien afinados y sus llantas infladas a la presión correcta. El otro problema de utilizar biocombustibles sustentados en el maíz lo sufrimos a
principio de este año en México, cuando el precio de la tortilla se disparó al haberse
incrementado la demanda de maíz para producir etanol. Mientras que el etanol elaborado con
maíz sólo genera 15% menos que la gasolina del dióxido de carbono que daña a la
atmósfera, el producido a partir de caña de azúcar ahorra un 80%, pues las
refinerías que lo producen operan con el propio bagazo de la caña. Está claro que si se quiere usar
etanol para remplazar a la gasolina, hay que seguir la ruta del azúcar y no la del
maíz, con el aliciente adicional que los vehículos que lo usan tienen un
embriagante tufillo a alcohol, lo que incide en su menor ingestión con el
ahorro consecuente, como lo acredita cualquiera que haya andado en taxi en
Brasil. Artículos relacionados :: Estimulando la transición energética :: La infamia del etanol :: Biocombustibles: Un asalto a los más pobres del mundo :: Crisis energética :: Etanol, nueva y peligrosa religión :: Engaños del etanol :: El bioetanol más caro del mundo :: El etanol y la sed :: Biocombustibles :: Biocombustibles
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