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Columnas > Jaque Mate
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La dura batalla
Sergio Sarmiento
La
nueva ley electoral, que fue aprobada al vapor por el Senado y Las
organizaciones del Consejo Coordinador Empresarial han circulado entre todas
las legislaturas locales una carta en la que piden a los legisladores
reflexionar y señalan todos los problemas de las enmiendas constitucionales que
han conformado la nueva ley. Y es lógica la posición del CCE. Uno de los
propósitos de la legislación es impedir que organizaciones como ella puedan
comprar tiempos de radio y televisión para cuestionar o respaldar ideas o
candidatos durante las campañas electorales. Para ellas, ésta es simplemente
una ley mordaza que manda la señal que nadie, excepto los partidos políticos,
pueden ofrecer sus puntos de vista políticos en los medios. Todos
sabemos, sin embargo, que las modificaciones constitucionales no podrán ser
echadas para atrás. Los partidos políticos han logrado un acuerdo inusitado
después de años de discrepancias. No lo lograron en los temas que realmente
pueden hacer que avance el país o en aquellos que los ciudadanos consideran
como más importantes. Pero sí en éste que les da a ellos más poder y que
debilita el contrapeso político que puedan significar los medios de
comunicación. El
propio presidente de la república, Felipe Calderón, si bien se ha abstenido de
hacer pronunciamientos abiertos sobre una iniciativa de reforma electoral que
las encuestas de opinión revelan es sumamente impopular, claramente negoció con
las cúpulas políticas un apoyo de los legisladores del PAN a la reforma
electoral a cambio de que los priistas lo respaldaran
en su reforma fiscal. Los
costos de este acuerdo, sin embargo, ya son evidentes. Algunos diputados del
PRI han señalado que, si no se investiga el aparente enriquecimiento del ex
presidente panista Vicente Fox, entonces ellos no
apoyarán el presupuesto de 2008. ¿Qué podía esperar el presidente si ya aceptó este
tipo de condicionamiento una vez? Ahora tendrá que enfrentarlo constantemente. La
reforma electoral se convertirá en ley constitucional en los próximos meses o
semanas. El presidente Calderón, de hecho, no puede vetar la iniciativa. El
jefe del ejecutivo no tiene la facultad de rechazar reformas constitucionales aprobadas,
como lo establece El
que la nueva legislación no se pueda parar no significa que vayan a quedar ahí
las cosas. El Senado ha empezado ya a considerar una nueva Ley de Radio y
Televisión para reemplazar la que apenas se promulgó en el 2006. El senador perredista Pablo Gómez ha amenazado a los concesionarios con
utilizar la ley para someterlos más. El ex senador panista
Javier Corral ha señalado que la nueva Ley de Radio y Televisión debe usarse
para establecer controles no sólo a los tiempos comerciales, como ya lo ha
hecho la ley electoral, sino a los contenidos. Esto implicaría el
establecimiento de una censura formal en el país. Se aproxima así una difícil batalla: no sólo entre los
políticos y los medios, sino entre los políticos y la sociedad. Artículos relacionados :: De la reforma electoral al alza de impuestos :: Normas para violar :: Fracaso de la ley electoral :: Decepción ciudadana :: Calumnias y campañas :: La dictadura del spot :: Conductas atípicas :: La Corte y las garantías individuales :: Retroceso democrático :: Nuevos consejeros del IFE
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