10/22/2006
Las ideas son esenciales
Manuel Suárez Mier

El deceso de Ralph Harris, fundador del Instituto para Asuntos Económicos (IAE) en el Reino Unido subraya de nuevo la importancia que tiene que las ideas económicas probadamente correctas sean objeto de análisis, discusión y, más importante aún, de su venta a la población para así reclutar su apoyo.

 

Harris jugó un papel esencial en el éxito de la contrarrevolución liberal de los ochenta en el Reino Unido que parecía imposible a partir de la toma del poder por los socialistas al final de la II Guerra Mundial, cuándo su ideario se convirtió en la ortodoxia incuestionable de las políticas públicas por 35 años.

 

Si en algún país era improbable un cambio radical en el manejo de la economía ese era el Reino Unido. Sus sucesivos gobiernos nacionalizaron las principales industrias y ofrecieron servicios para el bienestar de la población en forma “gratuita” y sin vinculación alguna con su situación laboral.

 

La alternancia en el poder entre los partidos laborista –como se llamaba al socialismo en el Reino Unido- y conservador de 1945 hasta la llegada de Margaret Thatcher al poder en 1979, no cambiaba casi nada pues se había forjado un sólido consenso sobre la irreversibilidad de la marcha al socialismo.

 

Como suele ocurrir, hubo algunos pocos que no estuvieron de acuerdo con la unanimidad. Anthony Fisher era un próspero empresario agropecuario preocupado por la prevalencia de las ideas estatistas en su país que tuvo la oportunidad de conocer al gran economista austriaco Friedrich Hayek.

 

Autor de El Camino a la Esclavitud, una de las más persuasivas y contundentes denuncias del comunismo y del socialismo, Hayek convenció a Fisher de la necesidad de fundar un centro de estudios que patrocinara la propagación de las ideas liberales claramente opuestas al estatismo.

 

Cuándo Margaret Thatcher logró el liderazgo del Partido Conservador, su principal asesor ideológico Keith Joseph empezó a buscar las ideas para plantear un cambio radical como plataforma para el siguiente gobierno conservador en el Reino Unido que cuestionara el sólido consenso socialista.

 

Al llegar Thatcher finalmente al poder, inicia la gran contrarrevolución liberal en su país fundamentalmente con el sustento de las ideas que por un cuarto de siglo había venido promoviendo el IAE contra el estatismo. Los resultados son que hoy el Reino Unido es la economía más sólida y dinámica de Europa.

 

En México se hicieron esfuerzos similares para crear instituciones que cuestionaran la unanimidad socialista, como fue la fundación del ITAM por parte de don Raúl Bailléres hace sesenta años, para contrarrestar las enseñanzas de economía en la UNAM que tenían un fuerte sesgo marxista.

 

El ITAM hizo una gran labor en educar a generaciones de buenos economistas pero en los últimos lustros su interés se ha alejado del análisis de la economía aplicada y del debate ideológico de políticas públicas que cuestionen con vigor los enclaves estatistas que prevalecen en la economía mexicana.

 

Al igual que en el Reino Unido pre-Thatcher, en nuestro país no se pueden poner en duda la propiedad estatal de Pémex y del sector eléctrico; el poder omnímodo de los sindicatos y la imposición que hacen de sus agendas sobre la población; la existencia de monopolios privados que se han apoderado de las entidades públicas que supuestamente los regulan y controlan.

 

Más aún, lo cerca que estuvo de la presidencia el demagogo populista quién sin duda hubiera llevado al país de regreso al socialismo y habría revertido las incompletas pero cruciales reformas liberales de las últimas décadas, pone en evidencia la gran prioridad que Felipe Calderón debe dar a la discusión y propagación de las ideas liberales y cómo es que su aplicación representa la única salida para alcanzar el progreso de México.



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