Una de las principales conclusiones a las que
llegamos durante la cuarta reunión anual del Grupo Huatusco
fue la notoria precariedad de las finanzas públicas caracterizada, por el lado
de los ingresos, por la notoriamente baja recaudación tributaria, un diseño
tributario ineficiente y costoso de fiscalizar así como por la alta dependencia
de los ingresos petroleros, mientras que por el lado del gasto sobresale la
ineficiencia en el uso de recursos públicos, un arreglo ineficiente del
federalismo fiscal así como las presiones crecientes derivadas de la
amortización de los Pidiregas y del pago de las
pensiones de los empleados públicos, entre otros. Es claro que en materia
fiscal estos son los principales puntos que hay que atender durante el próximo
gobierno.
En materia de ingresos, la baja recaudación
tributaria y la alta dependencia en el petróleo van de la mano, por lo que es
necesario instrumentar una reforma tributaria profunda que cumpla con tres
objetivos: aumentar la recaudación, generar un sistema eficiente de incentivos
al trabajo, el ahorro y la inversión y reducir esa dependencia. El eje de la
reforma abarca tres impuestos: el ISR a las personas físicas, los regímenes
especiales de tributación y el IVA. Por lo que toca al primero, éste debe ser
un impuesto proporcional de entre 12 y 15% aplicable a la diferencia entre el
ingreso total bruto generado de todas las fuentes posibles, incluyendo
ganancias y pérdidas de capital en los mercados bursátil y cambiario (sin
exenciones) y el equivalente a tres o cuatro salarios mínimos anuales,
complementado con un ISR negativo (transferencias directas al ingreso) a todos
aquellos que tengan un ingreso bruto anual menor que la base de cálculo
establecida (el número de salarios mínimos) y que lleve su ingreso a esta base.
Este esquema mantiene una progresividad efectiva del
ISR pero además genera incentivos más eficientes al trabajo, el ahorro y la
inversión (con un efecto positivo sobre
el crecimiento) así como el incentivo para los individuos de menores ingresos a
incorporarse al mercado laboral formal y ser sujetos a las transferencias
directas a su ingreso.
Otro aspecto que es indispensable modificar, en
realidad eliminar, es lo relativo a los regímenes especiales de tributación,
particularmente en el sector agropecuario y en el de transporte terrestre de
carga y de pasajeros. Este esquema, diseñado inicialmente para promover estas
dos actividades al nivel de pequeños productores, en realidad ha beneficiado a
los grandes productores agropecuarios (particularmente en la agricultura y la silvicultura) así como a los poseedores de las grandes
flotillas de transporte de carga y de pasajeros y representa una significativa
pérdida de ingresos tributarios. Es necesaria su eliminación y que estos
productores se incorporen al régimen general del ISR.
Finalmente está el controvertido IVA. El esquema
actual de una tasa general, una tasa especial para las zonas fronterizas, la
tasa cero en alimentos y medicinas y las exenciones como en educación y libros,
generan una enorme distorsión en los precios relativos y en la asignación de
recursos en la economía, además de que por su complejidad resulta ser en un
impuesto fácil de evadir y de eludir, lo que repercute a su vez en la evasión
del ISR por parte de las empresas.
Eliminar estas distorsiones solo puede hacer a través de la
homogeneización del impuesto. No hay que olvidar al respecto que los impuestos
sirven para recaudar y que tratar de utilizarlos como un instrumento para redistribuir
el ingreso merma su capacidad recaudatoria y que en el caso de este impuesto,
reconociendo que se trata de un gravamen regresivo, tiene que compensarse con
otros mecanismos (el ISR negativo y el gasto público).
No hacer esta reforma tributaria, además de
repercutir en que la recaudación siga siendo apenas del 12% del PIB, deja a las
finanzas públicas en una situación de debilidad estructural y con enormes
riesgos, particularmente por la alta dependencia petrolera. Estar dependido de
los ingresos derivados del petróleo es notoriamente riesgoso ya que por una
parte la plataforma de producción y exportación está cayendo y por otra, ante
la desaceleración del crecimiento mundial, se prevé una caída del precio
internacional del petróleo, por lo que es altamente probable que los ingresos
petroleros se reduzcan. Esto, con las presiones crecientes por el lado del
gasto, hacen imperativa la reforma tributaria.