Una de las peores canalladas (que son las acciones
propias de los canallas, gente despreciable y de mal
proceder), que puede cometer el poder público es otorgar privilegios (que son
exenciones de obligaciones o concesiones de ventajas, en ambos casos
exclusivas), sobre todo en el campo de la economía y, en concreto, a oferentes
de bienes y servicios. Esos privilegios, que mantienen al margen de la competencia
a quienes los reciben, les permiten cobrar un precio mayor del que podrían
cobrar si en el mercado en el que operan hubiera competencia, misma que es
limitada o eliminada por la acción del gobierno. Surgen así los grupos de
interés, que tratan de influir en las decisiones de los gobernantes, sobre todo
de los legisladores, para que las reglas del juego, por medio de las cuales se
les otorgan privilegios, se elaboren en su beneficio. Se trata, tal y como los
bautizó Gordon Tullock, de
los buscadores de rentas, rentas que surge cuando, gracias al privilegio
otorgado, que limita o elimina la competencia, se cobra un precio mayor del que
se cobraría si hubiera más competencia.
Una de las peores canalladas que puede cometer el
poder público es otorgar privilegios, sobre todo a oferentes, lo cual no ha
impedido que el otorgamiento de apoyos, protecciones, subsidios, concesiones monopólicas y demás ventajas exclusivas sea, en México, la
regla y no la excepción. ¿Cuántas de las grandes empresas (¿o debo escribir empresas grandotas?) que operan en el
país, la mayoría de ellas en mercados monopólicos, duopólicos
u oligopólicos, en cualquier caso con menos
competencia de la que podría haber, son el resultado de algún privilegio
otorgado por el gobierno? ¿Qué proporción de esos empresarios son buscadores de
rentas, es decir, negociantes de privilegios en lo que Ricardo Medina ha
bautizado como el capitalismo de
compadres? ¿Qué proporción de las fortunas de esos empresarios es el
resultado de haberle cobrado a los consumidores un precio mayor del que podrían
haberles cobrado si el gobierno no les hubiera otorgado ese privilegio, y si
hubieran operado en mercados abiertos a cualquier posible competidor? ¿Qué
porcentaje de esos empresarios, muchos de ellos considerados líderes
empresariales y benefactores sociales, está consciente de la manera en la que
llegaron a capitanear empresas grandotas, que no necesariamente grandes
empresas?
Una de las peores canalladas que puede cometer el
poder público es otorgar privilegios, sobre todo a oferentes, siempre en
contra, o de los contribuyentes (en el caso de que el privilegio sea la
exenciones de alguna obligación tributaria o la concesión de alguna ventaja en
la forma de subsidio), o de los consumidores (en el caso de que el privilegio
sea alguna protección contra la competencia o alguna concesión monopólica), razón por la cual es importante exigirle a
Felipe Calderón que cumpla con lo establecido en los Temas Legislativos para
¿Quiere decir lo anterior que
Calderón reconoce como error grave, tanto
desde el punto de vista de la economía como de la justicia, que el gobierno
otorgue privilegios a favor oferentes, razón por la cual, en ningún caso, por
ningún motivo, y en ninguna medida, los concederá, tratando de eliminar los ya
concedidos, abriendo todos los mercados a la competencia? Entonces, ¿acepta
Calderón que una de las peores canalladas que puede cometer el poder
público es otorgar privilegios, sobre todo en el campo de la economía, y en
concreto a favor de oferentes de bienes y servicios? Seguramente que la respuesta es afirmativa, con la ventaja de que
a partir del 1 de diciembre tendrá la oportunidad de mostrarlo en los hechos.