No exageran quienes dicen que uno de
los principales dolores de cabeza para el presidente Felipe Calderón será
Manuel Espino.
Ninguno de los líderes formales de los
tres partidos principales –PRI, PRD, PAN- se caracteriza por su carisma y
competencia, pero Manuel Espino les gana ampliamente a sus colegas Mariano
Palacios y Leonel Cota en el concurso de las
incompetencias, las incoherencias, las deslealtades, el afán de notoriedad y la
ideología trasnochada.
La memoria de la opinión pública
suele ser frágil, pero no hay que escudriñar muy lejos en el tiempo para
recordar a Manuel Espino presumiendo que él y sólo él había forjado, dirigido,
cultivado y alentado la carrera política del que a la postre resultaría el más
notorio –no el único- de los traidores al gobierno de Vicente Fox. Sí, el 30 de
julio de 2003, en una conferencia de prensa en la sede del PAN en Monterrey,
Manuel Espino presumía:
"Yo no
diría que Alfonso es el superasesor. Alfonso Durazo
es un hombre que no hace labor de pasillo en Los Pinos, hace operación política
que da resultados; y lo digo con convicción, porque lo conozco profundamente. Casi
podría decir, con riesgo de ser jactancioso, que si hay un panista
que conoce a Alfonso Durazo Montaño es su servidor".
"Lo conozco de años atrás. Yo le insistí en que se afiliara al PAN.
Alfonso se retiró del PRI desde 1994, después de la muerte de Luis Donaldo Colosio.
Fue a sugerencia de un servidor que formalizó su renuncia, si mal no recuerdo,
en mayo del 2000".
"Yo lo estaba invitando a que se incorporara a la campaña de Vicente
Fox. Fui yo quien le pedí en aquel tiempo a Vicente Fox, por conducto de
Rodolfo Elizondo, que se encontrara con Alfonso
Durazo, que estaba dispuesto a apoyar. Sin embargo, por conveniencia
política de ese momento consideramos que ya era conveniente (sic) que se
formalizara por escrito la renuncia de Alfonso al PRI".
"Desde su incorporación al equipo de campaña de Vicente Fox, Alfonso
Durazo comenzó a demostrar su capacidad de trabajo, su capacidad de aportar a
un proyecto. Desde entonces se estableció una relación de lealtad entre
Vicente Fox y Alfonso Durazo".
"Tiempo
después, cuando se consideró conveniente y también a insistencia de un
servidor, Alfonso Durazo Montaño se afilió al PAN, se hizo panista.
Que provenga del PRI, eso no me dice nada. Yo he traído al PAN no a pocos, a
muchos, que han estado en el PRI y me siento orgulloso del panismo
de ellos".
Sería interesante que alguien le
preguntase hoy al señor Espino qué se siente haber introducido al círculo más
cercano del primer Presidente de
Nótese de paso la apabullante
humildad de este político que suele hacer ostentación de su fe religiosa: “Yo
hice…”, “un servidor logró…”, “Yo promoví…”, “Yo he traído…”, “Yo conozco mejor
que nadie…”.
El historial de metidas de pata de
Manuel Espino es impresionante: Apoyó descaradamente a Santiago Creel en la contienda interna del PAN para definir su
candidato a
Una de las más recientes muestras de
torpeza política y deslealtad que ha dado este sonorense mareado por la
política y el afán de figurar, fue asegurar que el Presidente Vicente Fox se equivocó al intentar el desafuero de López Obrador y que él,
Espino, el astuto y previsor político, el arquetipo de la sagacidad y la
inteligencia políticas, se lo advirtió claramente al Presidente Fox y le dijo
que con él, con el grande y único Espino, no contaran…
Con esta basura política tendrá que
lidiar el próximo Presidente Calderón a menos que los panistas
se espabilen y recuperen su partido, hoy en manos de un torpe ultraderechista –más
con talante de vanidoso cruzado religioso que con
dotes de político responsable y moderno-, para volverlo a la senda de la
libertad y la responsabilidad que Manuel Gómez Morín,
su fundador, imaginó para esa agrupación política.
Con Espino al frente –cometiendo
torpezas a cada paso- el PAN, que alguna vez fue el partido más liberal de
México, puede convertirse en la más pesada losa reaccionaria que estorbe al gobierno de Felipe Calderón.
Espino, ¿traidor o estúpido? Tal vez
ambas.