Descubro el agua tibia: los
demócratas gringos se nombran “liberales”, ante los “conservadores”
republicanos. Los partidarios de un gobierno fuerte que maneje las cuestiones
sociales cobrando impuestos, mantienen valores demócratas. Los republicanos
prefieren un gobierno menos costoso, valores individuales y libertad de
empresa. (Nada tienen que ver con los valores republicanos tradicionales, los
siniestros neocons
que se han apoderado recientemente de ese partido.)
Llaman liberales a los que serían
“izquierda” acá donde ven como “derecha” al liberalismo, y a varios partidarios
de la libertad los insultan con eso de “neoliberales”. Pero llaman conservadora
a la derecha y veneran en el bronce –no en los hechos–
a los liberales del siglo XIX (cuyo pensamiento sería hoy de “derecha”). Y los
más conservadores y retardatarios se autollaman progresistas y de izquierda. La
geometría, ciencia exacta, enloquece a cualquiera si se usa para los adjetivos.
Más interesante que los delirios
geométricos es por qué la “izquierda” estadounidense se dice liberal. Eso
retorcería en sus tumbas a los pensadores británicos que articularon el
liberalismo. El mayor de ellos, Adam Smith, fue un moralista que escribió de economía indignado
por las prácticas monopólicas que propiciaban, en el
país más rico –
El escocés Smith
hoy parecería de “derecha” pero en su tiempo combatió a los conservadores
partidarios de los privilegios comerciales y a los legisladores que cimentaban
su enriquecimiento con leyes y reglamentaciones, prohibiciones, estímulos,
impuestos y subsidios. Él buscaba la justicia, la prosperidad compartida, la
distribución natural de la riqueza y otras cosas que hoy dice defender un lado
de la geometría política (pidiendo leyes, impuestos, subsidios, prohibiciones,
etc.).
Curiosamente, los que ponen primero
a los pobres admiran en los hechos al rico y poderoso y desprecian en los
hechos al débil. Eso, dijo Adam Smith,
“es la causa mayor y más universal de la corrupción de nuestros sentimientos
morales”.
La bien ganada fama liberal de
estatura moral, generosidad y atención a las necesidades humanas, se la
apropiaron los demócratas. Eran cualidades propias de los liberales de verdad,
no de los estatistas que han degradado allá el
apelativo “liberal”.
Por encima de calificativos,
apelativos, epítetos y caracterizaciones que confunden, conviene saber qué
defiende cada quien. ¿Estás a favor de la libertad? ¿Tienes por supremo el
valor de la persona individual? ¿Reconoces que la ley es igual para todos? Y
una indispensable: ¿reconoces que la libertad NO es ideología?