10/24/2006
Liberales o “liberals”
Fernando Amerlinck

Descubro el agua tibia: los demócratas gringos se nombran “liberales”, ante los “conservadores” republicanos. Los partidarios de un gobierno fuerte que maneje las cuestiones sociales cobrando impuestos, mantienen valores demócratas. Los republicanos prefieren un gobierno menos costoso, valores individuales y libertad de empresa. (Nada tienen que ver con los valores republicanos tradicionales, los siniestros neocons que se han apoderado recientemente de ese partido.)

 

Llaman liberales a los que serían “izquierda” acá donde ven como “derecha” al liberalismo, y a varios partidarios de la libertad los insultan con eso de “neoliberales”. Pero llaman conservadora a la derecha y veneran en el bronce –no en los hechos– a los liberales del siglo XIX (cuyo pensamiento sería hoy de “derecha”). Y los más conservadores y retardatarios se autollaman progresistas y de izquierda. La geometría, ciencia exacta, enloquece a cualquiera si se usa para los adjetivos.

 

Más interesante que los delirios geométricos es por qué la “izquierda” estadounidense se dice liberal. Eso retorcería en sus tumbas a los pensadores británicos que articularon el liberalismo. El mayor de ellos, Adam Smith, fue un moralista que escribió de economía indignado por las prácticas monopólicas que propiciaban, en el país más rico –la Gran Bretaña, una tremenda miseria. Calculó que la mitad de los niños moría antes de llegar a la adultez; en la tierras altas de Esco­cia, escribió, “no es raro que una madre que haya parido a veinte niños no tenga dos vivos”.

 

El escocés Smith hoy parecería de “derecha” pero en su tiempo combatió a los conservadores partidarios de los privilegios comerciales y a los legisladores que cimentaban su enriquecimiento con leyes y reglamentaciones, prohibiciones, estímulos, impuestos y subsidios. Él buscaba la justicia, la prosperidad compartida, la distribución natural de la riqueza y otras cosas que hoy dice defender un lado de la geometría política (pidiendo leyes, impuestos, subsidios, prohibiciones, etc.).

 

Curiosamente, los que ponen primero a los pobres admiran en los hechos al rico y poderoso y desprecian en los hechos al débil. Eso, dijo Adam Smith, “es la causa mayor y más universal de la corrupción de nues­tros sentimientos morales”.

 

La bien ganada fama liberal de estatura moral, generosidad y atención a las necesidades humanas, se la apropiaron los demócratas. Eran cualidades propias de los liberales de verdad, no de los estatistas que han degradado allá el apelativo “liberal”.

 

Por encima de calificativos, apelativos, epítetos y caracterizaciones que confunden, conviene saber qué defiende cada quien. ¿Estás a favor de la libertad? ¿Tienes por supremo el valor de la persona individual? ¿Reconoces que la ley es igual para todos? Y una indispensable: ¿reconoces que la libertad NO es ideología?



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