En unas semanas más se irá la que se
llamó a sí misma “administración del cambio” que, por desgracia, no cambió tanto
como pudo haberlo hecho si hubiera prevalecido una idea más clara de metas,
objetivos e instrumentos para un buen gobierno, así como un equipo de mejor
calidad.
Poco después de la victoria
electoral y a petición de importantes partidarios de Vicente Fox, éste recibió
a un distinguido economista para platicar de las oportunidades que se le
presentaban al nuevo gobierno para llevar a buen puerto las reformas que se
estancaron con Ernesto Zedillo.
El economista, lleno de entusiasmo,
le describió a Fox lo que podría hacer en colaboración con el Congreso durante las
primeras cuatro semanas de su gobierno:
·
En la primera, se enviaría a
·
En la segunda semana se propondría una reforma laboral que
hiciera mucho más flexible el mercado de trabajo y protegiera mejor el interés
de los trabajadores mediante la eliminación de contratos-ley y la democratización
en la selección de líderes sindicales. Ello coadyuvaría a generar condiciones
más favorables para la creación de empleos.
·
En la tercera semana se presentaría una reforma energética
que permitiría el acceso de capital privado para generar energía eléctrica y en
la exploración de petróleo y gas natural y, en asociación con las empresas públicas,
para mejorar y desarrollar la distribución de fluido eléctrico y en nuevas
plantas de refinación de petróleo. Aprovechando el viaje, se revisarían las
estructuras administrativas de las empresas del sector para elevar su
eficiencia y competitividad.
·
En la última semana de diciembre, el Ejecutivo enviaría al
Congreso varias iniciativas de ley para hacer más eficiente la administración
de justicia y acelerar los plazos de resolución de juicios; para mejorar los
derechos de propiedad resolviendo rezagos en su titulación y modernizando los
registros públicos correspondientes; y varios ordenamientos para hacer más
efectiva la supervisión y control de empresas monopólicas.
Dado que el PAN, partido que llevó a
Fox a
El economista le hizo ver al Presidente
Electo que el trabajo técnico de estas reformas se podría llevar a cabo en los
casi cinco meses que faltaban para
Para sorpresa del economista, Fox le
dijo “me decepciona usted, licenciado. Parece no haber entendido que ahora
somos un país plenamente democrático y que ya no se puede actuar
autoritariamente como antes,” a lo que el economista respondió que lo comprendía
perfectamente.
Y agregó que tanto el Presidente
Electo como los integrantes del Congreso, habían sido elegidos democráticamente,
en competidas y legítimas elecciones, y que les correspondía ahora buscar
juntos la mejor forma de actuar en proyectos de beneficio para el país como los
que le acababa de detallar.
Fox replicó que no estaba de
acuerdo, que lo que el economista recomendaba era parte de la tradición despótica
del pasado y que él iba a empezar su mandato resolviendo Chiapas.