CARTA A MI AMIGO GABRIEL BORAGINA
Estimado Gabi:
Hace días nos
hiciste una intrigante pregunta: ¿Cuál es la situación del liberalismo en
México? En primer lugar te quiero decir que, en mi opinión, no existe en toda
América Latina un país más estatista que México. ¿Por
qué? Tal vez porque nunca nos deshicimos del virreinato pues, con el PRI en el
poder, durante casi un siglo tuvimos siempre un Rey sexenal, sostenido con la
complicidad de los poderosos y la sumisión de los "débiles," al que
jamás se le podía cuestionar.
Voy a tratar de responder platicándote mi historia.
Mi padre se educó en Europa, habiendo partido a mediados de los años 20 cuando
se trataba de esculpir el futuro del país a través de una revolución liberal.
Regresó a finales de los años 30, cuando ese futuro había sido ya
definido por el grupo que lo mantuvo oprimido más de 70 años. Mi padre, hasta
su muerte, no hubo día que no afirmara: "Me debería de haber quedado en
Europa, este es el país de la irresponsabilidad, la falta de respeto, de la
improvisación, el del dame, dame y que te mantenga el gobierno."
Yo creo haber nacido en una familia de las
privilegiadas de México. Nunca me faltó nada, tampoco me sobró, mi padre era
muy conservador y severo. Fui, además, nieto consentido de uno de esos odiados
latifundistas. Sin embargo, desde pequeño, me daba cuenta de que era de los
pocos que tenían algo—bicicleta, guante de béisbol, ropa de los EU, botas
vaqueras—pero la mayoría no sólo no tenían eso, no tenían ni para comer, y no
lo entendía.
Me enviaron a estudiar al Tecnológico de Monterrey,
bastión donde los ricos colocaban a sus hijos para prepararse y tomar control
de sus negocios. Pero ahora me doy cuenta de que, en realidad, nos enviaban a
aprender el juego del capitalismo crony, de los
arreglos con el gobierno. A convertirnos en expertos para buscar fortuna a
través de conexiones políticas en lugar de competencia, a compartir ganancias
con políticos corruptos produciendo un circulo vicioso. Para aprender como
proteger nuestros negocios a base de tarifas, resultando en productos de baja
calidad y precios ridículos.
Nuestros textos de economía no eran de Marx, no, pero eran del grupo Keynesiano de moda en los
70s. En el TEC, no recuerdo haber escuchado mercados libres, libre comercio,
competencia, creación de riqueza. El curso de administración bancaria, no era
estudiar el mercado financiero internacional. Era para mostrarnos cómo el
gobierno, de forma sabia, ordenaba a los bancos "privados" cómo,
cuando, a quien, a que precio y a que plazo prestar su dinero a través de sus
infames encajes legales.
Hice mi debut profesional, cuando también debutaba
uno de los peores de los verdugos del país; Luis Echeverría. Participando en
ese juego del establishment, escalé las alturas hasta
llegar a ser Director General de un banco que controlaba mi familia, y sólo
tenía 30 años de edad. Tenía el mundo en mis manos y aceptaba ya mi papel en
ese rompecabezas de complicidades. Por azares del destino, me retiro del banco
y emigro a los EU con la intención de seguir estudiando algo que me apasiona;
economía.
Siendo un soñador, pues me soñaba inventor de un
nuevo sistema económico que no fuera ese "capitalismo," como lo había
conocido y tanto me había decepcionado, mucho menos el socialismo que odiaba.
Hace años, me preparaba para atestiguar un debate político. Los participantes
eran los clásicos demócrata, republicano, y una nueva clasificación que me
sonaba comunistoide; "libertarian." Inicia
el evento y el demócrata expone lo de siempre, un gobierno activista para
recatar a los pobres bla, bla,
bla. Sigue el republicano con algo seminteresante, pero no lo suficiente para no levantarme
por la siguiente cerveza. Era el turno del libertarian,
inicia la exposición de sus ideas y me quedo petrificado.
"Regresar a la sociedad civil el poder
expropiado por el estado, mercados libres sin intervención, libre comercio sin
barreras, estado de derecho. Un gobierno pequeño que proteja vida, libertad,
propiedad y contratos." Pasa luego a un agresivo ataque en contra el
estado expropiador, en contra de la redistribución política de la riqueza, a
pronunciar las palabras de Jefferson; "el mejor
gobierno es el que gobierna menos. Construiremos un país sin aristocracia, pero
con meritocracia. Igualdad si, pero ante la ley, el
gobierno no debe garantizar resultados, sino oportunidades."
Es cuando pienso, este tipo me robó la idea, es lo
que yo quería inventar. ¿Qué es? "Liberalismo." A partir de ese
momento, me lanzo a leer todos los grandes liberales; Mises, Hayek, Bastiat, Locke, Aynd Rand
etc, para darme cuenta era mi camino, el camino que
mi país nunca había transitado. Qué perdidos hemos estado, pensé, cuantos años
ciegos en esta oscuridad. Me cuestionaba luego; ¿como es posible que,
existiendo lo que está probado y comprobado, sigamos con las mismas pendejadas que cada día nos hunden más? Pero no tengo la
respuesta.
El liberalismo en México no existe. A pesar del
estatismo que nos describe, no hemos fallecido porque somos vecinos de EU a
quien tanto odiamos y culpamos. Los trabajadores mexicanos en EU, nos envían
más de 20,000 millones de dólares al año. Su turismo nos deja otros 15,000
millones de dólares. Durante décadas, cada seis años, el rito era que México
quebraba y los EU salía al rescate. Nos compran más de 150,000 millones de
dólares al año, y nos venden otro tanto financiado lo que nos permite "importar"
porque, como afirmaba Adam Smith,
la única razón para exportar, es tener capacidad para importar. Todo esto ha
permitido que los estatistas sigan controlando los
activos y las mentes del país.
Solo un ejemplo de esa estructura mental. Infinidad
de gente en México, culpa a los gringos por nuestra monstruosa deuda afirmando
la provocaron con toda premeditación y alevosía. Es como si yo me dedicara a
culpar al cantinero por mis escandalosas borracheras, con todas sus
consecuencias. Llega a mi mente el: "tu nunca serás un fracasado, hasta
que empieces a culpar a alguien mas por tus fracasos."
El gran problema que no permite el avance de México,
es cultural. Nos domesticaron con un programa que nos dice, el progreso es un
sistema mediante el cual las autoridades centrales provocan el desarrollo a
través de la ingeniería social. Convencieron a las masas que tiranía era mejor
que libertad, un feudalismo centralizado y
privilegiado era mucho mejor que el odiado y competido mercado. De que, para
combatir monopolios, había que construirlos centralizados.
La centralización del poder estatal y la
subordinación de las instituciones políticas a intereses particulares, no ha
sido obstáculo, sino condición indispensable para la "creación de riqueza
en su desviado concepto." Después de la intoxicante revolución mexicana,
la faz del país sería de un socialismo con ropaje de nacionalismo
revolucionario, y los mexicanos dócilmente aceptábamos. ¿Por qué? Porque de esa
forma nos domesticaron.
Hace unos años, ya en "edad madura,"
decidí finalmente regresar a la universidad para estudiar economía. Fue
entonces que, bajo el cobijo de dos premios Nobel,
creo haber llegado a entender claramente ese secreto: "
Mi encuentro con el verdadero liberalismo, me abría
los ojos a una nueva realidad para, con terror, ver mi país destrozado y
atrapado. Me ha dicho también, que ese mundo de libertad es la única salida
para México y, sobre todo, ya no tenemos mucho tiempo. Pero, mi buen amigo Gabi, con tristeza te afirmo siento a México mordido por
una víbora de cascabel y, para su desgracia, el único remedio que le puede
salvar la vida, es rechazado por el enfermo. ¿Por qué? Porque subdesarrollo es
un estado mental.