Relaté ayer cómo el Presidente
Electo Vicente Fox desatendió
valiosos consejos sobre la forma de destrabar las reformas esenciales que
demanda la economía mexicana para salir del marasmo, al relegar la labor
política de construir coaliciones para su aprobación en el Congreso.
Un estimado lector criticó mi
crónica señalando que los esfuerzos del actual gobierno durante el resto de su
gestión para pasar esas reformas ante un Congreso dominado por la oposición,
demostraron que no era una labor tan fácil, susceptible de completarse en un mes,
como sugiere mi texto.
Lo que mi amable lector desdeña es
que la política es un juego dinámico en el que tiempos y oportunidades cambian
continuamente de acuerdo a las también cambiantes circunstancias y que la
ocasión propicia para ciertas acciones tiene plazos finitos.
La victoria de Fox y el desconcierto
que generó en las filas del PRI, ofrecieron una oportunidad única antes del inicio
del gobierno para trabajar de cerca con los legisladores priístas, y también consolidar
la coalición del PAN con el Verde que llevó a Fox al poder.
Para planear una batalla reformista
exitosa al inicio del nuevo gobierno se requería de cuadros técnicos capaces
para trabajar en la substancia de las reformas
–muchas de las cuáles estaban bastantes avanzadas por grupos ad-hoc y por el
gobierno saliente- y de operadores políticos competentes que empezaran a tender
puentes con la oposición.
El equipo de Fox careció de ambos.
Peor aún, en los meses de transición y durante su gestión prevaleció un ánimo
pendenciero en el entorno del nuevo Presidente y se privilegió el proyecto de
poner en la picota la historia reciente de México bajo el control del PRI.
El propio Fox agravó el prospecto de
trabajar constructivamente con el Congreso con erráticas pero frecuentes
declaraciones sobre la villanía de la actuación de los gobiernos priístas, al
tiempo que tomó distancia frente a su propio partido y rompió con el Verde, que
exigía la recompensa por su alianza.
La integración del gabinete se
perfilaba como un desastre. Por fortuna para la gestión de Fox, ciudadanos
preocupados le hicieron ver al Presidente Electo la necesidad de nombrar a un
profesional de primera línea en la secretaría de Hacienda si quería evitar una
nueva crisis financiera.
Así surgió la candidatura de Francisco Gil Díaz, menos de un mes
antes del inició del gobierno. Entre los aciertos indudables de Fox, que mucho
hay que aplaudirle, fue apoyar a su secretario de Hacienda sin restricción
ninguna, al igual que ratificar a Guillermo
Ortiz al frente del banco central y haber fortalecido su Junta de Gobierno.
La excelente labor del equipo financiero
junto con un trabajo impecable en Sedesol por parte
de Josefina Vázquez Mota, y el buen
desempeño de lo hecho en Salud y Ecología por los doctores Julio Frenk y Víctor Lichtinger, le permiten ahora a
Fox presumir de una estabilidad financiera sin precedente y del abatimiento apreciable
en los indicadores de pobreza extrema del país.
Sin embargo, la falta de visión política
y el no haber comprendido la crucial labor de dirección y coordinación del
gobierno que corresponde al Presidente de
Lo más grave de la gestión de Fox, sin
embargo, fue haber privilegiado “la paz social sobre el Estado de Derecho,”
como yo lo oí afirmar en Los Pinos. Al final y como era perfectamente
previsible, dejó al país sin lo uno y sin lo otro, como resulta evidente en el
desastre oaxaqueño. ¡Menudo paquete deja atrás!