El mismo día en que el Senado votó un dictamen que acordaba
no declarar la desaparición de poderes en Oaxaca, los líderes de la sección 22
del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación dieron a
conocer su decisión de regresar a clases, si bien no dieron una fecha precisa
para este retorno. Esta decisión llevó a un aparente distanciamiento de la Asamblea Popular
de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y la sección 22.
La decisión de no declarar la desaparición de poderes no
significa, por supuesto, que Oaxaca sea gobernable. Los propios senadores del
PAN que apoyaron el dictamen han asumido públicamente la posición de que el
gobernador Ulises Ruiz debe abandonar su cargo de manera voluntaria, cosa que
él se niega a hacer. Pero cuando menos los maestros de la sección 22 del SNTE
podrían desactivar el movimiento si efectivamente regresan a clases en los
próximos días.
Una gran duda es la actitud que asumirá la APPO en caso de que los
maestros regresen a clases. La magnitud del problema de Oaxaca cambia de manera
significativa con o sin la sección 22. Ésta cuenta con cerca de 80 mil
agremiados, mientras que la APPO,
cuando mucho, tiene unos cuatro mil militantes.
Si realmente los maestros regresan a clases, los miembros de
la APPO tendrán
una decisión muy difícil en sus manos. En caso de que opten por mantener las
barricadas, las posibilidades de una acción de las fuerzas de seguridad del
estado o de la federación se vuelven muy reales. Si liberan Oaxaca, en cambio, habrán
perdido ese escenario de difusión en los medios nacionales de comunicación que
tanto han disfrutado.
Independientemente de la decisión que tome la APPO, es poco probable que
con el retorno a clases se acabe el conflicto en Oaxaca. La sección 22 está
retornando a las aulas porque ya obtuvo todo lo sustancial que exigió, excepto
la cabeza del gobernador. Por otra parte, los maestros no pueden aguantar más
sin obtener su sueldo. Son ya cinco las quincenas que no han recibido, y que
obtendrán de manera retroactiva tan pronto estén de nuevo en las aulas.
Pero una vez que los maestros tengan el dinero en el
bolsillo, no hay duda de que habrá nuevas movilizaciones y protestas –y quizá
bloqueos-- en contra del gobernador. Enrique Rueda Pacheco ha señalado que el
retorno a clases no significa que el sindicato cejará en sus esfuerzos por
destituir a Ulises Ruiz. La APPO,
por supuesto, tampoco lo hará. Ante la negativa del gobernador de dejar el
cargo voluntariamente, y la obsesión de los radicales, la continuación del
enfrentamiento se vuelve inevitable.
El presidente Vicente Fox ha prometido resolver el conflicto
de Oaxaca antes de que concluya su sexenio. El secretario de gobernación, Carlos
Abascal, ha hecho un enorme esfuerzo por lograr esto a través de mesas de
negociación en las que los dirigentes de la sección 22 y de la APPO a menudo no han
respetado los propios acuerdos a los que han llegado. Pero a poco más de un mes
de que concluya el actual gobierno, y a pesar de la excelente señal que implica
el compromiso de los maestros para regresar a clases, hay buenas razones para
pensar que Felipe Calderón heredará el problema.