Vicente Fox inició su mandato en condiciones envidiables. En primer lugar relativa estabilidad económica con crecimiento elevado de la producción y una tasa de desempleo abierto baja. En segundo término estabilidad política aceptable, con un bono democrático que ya hubieran querido sus antecesores en Los Pinos.
Relativa
estabilidad económica: inflación que pasó del 51.2 por ciento en 1995, primer
año de la administración zedillista, a 8.9 puntos
porcentuales en el 2000, sin olvidar que aquel sexenio, una vez superada la
crisis generada por el tristemente célebre error de diciembre,
transcurrió sin problemas devaluatorios, sin repuntes
importantes en las tasas de interés, sin descalabros bursátiles. En resumen:
estabilidad.
Crecimiento
elevado: en 1995, efecto del ya mencionado error de diciembre, la
producción de bienes y servicios decreció 6.2 por ciento; en el 2000 el crecimiento
fue de 6.6 puntos porcentuales, por demás aceptable.
Desempleo:
en diciembre del 2000 la tasa de desempleo abierto se ubicó en 2.17 por ciento
de la población económicamente activa (compuesta por la población mayor de
catorce años que busca empleo, si lo encuentra es población desocupada, si no
lo encuentra, y sigue buscando, es desempleada), la más baja desde la crisis
del 95, y la más baja de entonces a la fecha.
En materia
de economía el sexenio foxista se inició con una
relativa estabilidad económica, con un crecimiento de la producción elevado, y
con una de las tasas de desempleo abierto más bajas de los últimos tiempos.
¿Cómo termina? Con una estabilidad económica más sólida (la proyección de
inflación para este año es del 3.7 por ciento, y la evolución reciente de los
mercados cambiario, crediticio y bursátil ha sido positiva), con un crecimiento
de la producción relativamente elevado (la proyección para este año es del 4.5
por ciento; el año pasado el crecimiento fue del 3.0 por ciento), y con una
tasa de desempleo abierto cuya tendencia ha sido a la alza (3.98 por ciento de
la población económicamente activa en septiembre pasado).
¿Cómo
termina, en materia de economía, el sexenio foxista?
Con estabilidad económica, sobre todo monetaria, con crecimiento de la
producción relativamente elevado, y con una tasa de desempleo abierto
considerablemente mayor. ¿Por qué estos resultados? En materia de estabilidad
por la prudencia con la que se han manejado las políticas monetaria y fiscal.
En lo que toca al crecimiento y al empleo, por la falta de reformas
estructurales (fiscal, laboral, energética, etc.) cuyo objetivo es apuntalar a
la economía en tres frentes - libertad y propiedad; seguridad y confianza;
productividad y competitividad -, con el fin de atraer más inversiones
directas, sin las cuales no habrá, ni mayor crecimiento, ni más empleo.
¿Cómo
termina, en materia de economía, el sexenio foxista?
Con estabilidad bien cimentada, con crecimiento mediocre y con mayor desempleo.
¿Qué panorama enfrenta Calderón? Un menor crecimiento de la economía
estadounidense (que afectará el crecimiento de la economía mexicana) y un
conjunto de reformas estructurales que siguen pendientes., tal y como lo están
desde el sexenio de Zedillo. ¿Se repetirá la historia?
Continuará.