Las futuras autoridades
económicas han empezado a subrayar la importancia de la simplificación como
herramienta para impulsar el crecimiento. Esta tesis, en un pasado no distante,
era considerada ideológica, parte de una política económica opcional. Es,
ahora, una realidad aceptada: para trabajar, necesitamos las condiciones para
trabajar; y estas son producto de un clima de negocios que facilite hacer las
cosas.
Se dice fácil, pero
representa una tarea titánica. En épocas anteriores, la prioridad de la
política económica era estabilizar el camino—es decir, tomar las medidas
necesarias para asegurar la estabilidad de la carretera que debemos transitar
para poder lograr mayor crecimiento. Después de tres décadas, esta estabilidad
se ha consolidado. El empresario ya puede ver el horizonte, ya puede planear,
ya puede calcular una tasa real de rentabilidad, ya puede descontar flujos, sin
las distorsiones generadas por la inflación y las variaciones, súbitas y
dramáticas, en el tipo de cambio.
Sin embargo, al
emprender el camino en la carretera, los actores cotidianos deben transitar muy
lentamente, dada la enorme cantidad de baches, topes y obstáculos que están en
el camino—los regímenes diferenciados en tasas impositivas, los mercados
laborales y su total inflexibilidad, los altos costos de energía y de
telecomunicaciones, todas las reglas y reglamentos que debemos atender para
salir adelante, y mucho más.
La simplificación, como
herramienta de política económica, no es una panacea, o una medida que se puede
tomar al instante. Se deben identificar todas las piedritas que hoy saturan las
rutas hacia le crecimiento, que inhiben productividad, y que suelen ser pasadas
por alto cuando analizamos la carretera completa. Es un trabajo de abajo hacia
arriba, caso por caso, paciente y con prudencia. Empero el hecho es que
nuestros empresarios dedican una gran cantidad de tiempo en la formalización de
sus operaciones, en estar al día con los cambios recientes en la ley fiscal, o
en subcontratar servicios como las fuentes alternas de energía eléctrica, o los
servicios de seguridad privada (desde protección privada hasta un sistema
básico de alerta), para poder transitar el camino económico.
Suele pasar, por lo
mismo, sobre todo en casos chicos, que los agentes optan por la vía paralela de
Nuestra economía ha
sufrido mucho debido a los altos costos de transacción que le restan mucho
tiempo y mucho más recursos a los emprendedores. Sin estos altos costos de
oportunidad, habría oportunidad para generar empleos, para invertir en capital
humano, o para descubrir nuevas formas de hacer más eficiente la operación de
empresas—desde las transnacionales, hasta el changarro más humilde.
Para poder trabajar,
primero hay que dejar trabajar. Ese es el imperativo capital de la
simplificación.