11/3/2006
Gobierno foxista: ¿Qué pasó? (Segunda y última parte)
Arturo Damm

Vicente Fox inició su mandato en condiciones envidiables. En el campo de la economía con relativa estabilidad, crecimiento elevado de la producción y una tasa de desempleo baja. En el ámbito de la política comenzó con estabilidad aceptable y un bono democrático que ya lo hubieran querido quienes lo antecedieron.

 

En materia económica termina con una estabilidad, sobre todo monetaria, más sólida, con una tasa de crecimiento de la producción menor y un desempleo mayor. ¿Cómo calificarlo? ¿La estabilidad más sólida compensa el menor crecimiento y el mayor desempleo? Difícilmente. Entonces, ¿cómo calificar el resultado? Bueno en materia de estabilidad, regular en materia de crecimiento, y malo en lo referente al empleo.

 

En el ámbito de la política la situación es distinta. Fox comenzó con una estabilidad por demás aceptable, sobre todo si tomamos en cuenta la derrota del PRI en la contienda del 2000 por la Presidencia de la República, derrota que los priístas, comenzando por Zedillo, aceptaron de manera institucional, lo mismo que las demás fuerzas políticas, comenzando por el PRD. Hoy, seis años después, la situación es distinta, y contemplamos un escenario político enrarecido y un gobierno que falló en aquello “de cumplir y hacer cumplir la ley”, lo cual supone que nunca fue verdadero gobierno, dispuesto a usar la fuerza pública para hacer valer derechos y hacer respetar leyes.

 

Además de la mentada estabilidad, Fox inició su gobierno con un bono democrático, ganado a pulso que, de la misma manera, a pulso, fue derrochando dado su muy personal estilo de gobernar, entre campechano, iluso, atrabancado, todo lo cual tal vez pueda sintetizarse en el término irresponsable. Si hubiera reelección (que tarde o temprano la tendrá que haber), y si el gobierno de Fox hubiera sido lo que fue, ¿lo hubiéramos reelecto?

 

Hoy el gobierno, responsabilidad de Fox, deja mucho que desear, de la misma manera que la política, responsabilidad de Fox y de los demás políticos, deja también mucho que desear. Con relación a lo primero, ¿qué pasó? ¿Fox no se dio cuenta de lo que estaba pasando y por ello no actúo? Y si él no se dio cuenta, ¿dónde estaban sus asesores? ¿Fox sí se dio cuenta de lo que pasaba y conscientemente no actúo? Y si así fue, ¿por qué lo hizo? ¿Por qué pensó que los problemas se resolverían solos o desparecerían después de un tiempo? ¿O por qué le dio medio usar la fuerza pública para respetar y hacer respetar las leyes, para hacer valer derechos? En cualquiera de los dos casos, ¿no se trata de una irresponsabilidad? Y si así es, ¿quién lo llamará a cuentas?

 

El gobierno y la política dejan mucho que desear, y la mejor muestra de ello es lo sucedido en Oaxaca. ¿Cómo fue posible que las cosas llegaran el punto al que llegaron? ¿Qué pasó con la política? ¿Qué pasó con el gobierno? Y lo que pasó, y dejó de pasar, ¿no es responsabilidad, entre otros, pero de manera principal, de Fox? Y si así es, ¿quién lo llamará a cuentas? ¿O será que aquello que nos prometió el 1 de diciembre del 2000, en el sentido de respetar y hacer respetar las leyes, fue una promesa falsa, palabras sin acciones que las hagan valer? ¿Pero cómo esperar que alguien actúe bien si, de no hacerlo, no hay manera de llamarlo a cuentas?

 

En fin, ya vemos lo que sucede cuando al gobierno llega alguien que, al final de cuentas, no quiere ser gobierno, no está dispuesto a usar la fuerza pública para respetar y hacer respetar la ley. Calderón, ¿encabezará un verdadero gobierno?



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