Gran parte de la
tragedia de Oaxaca se explica no por la falta de recursos públicos, sino por la
razón contraria: La abundancia de dinero público –específicamente del gobierno
federal- que se ha destinado a Oaxaca y del cual el exgobernador
José Murat y su sucesor, Ulises Ruiz, no han rendido
cuentas. Una cifra conservadora es que en los últimos años más de 90 mil
millones de pesos de recursos federales destinados a Oaxaca han desaparecido
para todo efecto práctico. Con parte de esos recursos, se conjetura, Murat pagó generosamente a los más diversos grupos –incluida
la pleonásmica APPO y sus pulcros dirigentes, como
Flavio Sosa- apaciguamiento, complicidades, silencio…
El mal llamado federalismo
fiscal en México padece de uno de los incentivos más perversos: Mientras más
pobre sea una entidad federativa y sus municipios más pueden exigir recursos
federales, y desentenderse de buscar la prosperidad local a partir de la cual
no sólo mejoraría la vida de sus habitantes, sino aumentaría la precaria
recaudación de impuestos locales. Puesto el incentivo –a más pobreza, más
dinero federal- el negocio consiste en mantener o hasta exacerbar las
condiciones de pobreza, porque todo ello significa más dinero público que los
gobernantes manejan a su antojo sin transparencia y sin el menor escrutinio y
fiscalización por parte de los ciudadanos.
Por eso, podríamos
ir acuñando el neologismo “feuderalismo” para este
fenómeno: Los gobernantes locales, en estados paupérrimos como Oaxaca, viven a
cuerpo de rey y gastan ingentes cantidades en grillas y maniobras de la
política nacional ¡justamente porque sus estados son paupérrimos! Estos señores
feudales destinan parte de los recursos a mantener sosegados a
los grupos políticos en sus estados, acallada a la prensa y atemorizada
a la población…
Este feuderalismo abominable encuentra, por sorprendente que
parezca, nuevos defensores en algunos flamantes legisladores federales. Como
alguien ha dicho: En México es un deporte proclamarse agraviado y protestar
para que te den dinero (“rueda que chilla, le ponen aceite”) y algunos de los
nuevos diputados y senadores –lo de “nuevos” es un decir-, ya aprendieron pronto el arte de declararse
agraviados con la secreta esperanza de que les echen una buena ración de
“aceite” (recursos federales) a sus alforjas. Tal parece el caso del bisoño
presidente de
Un poco de
historia no le caería mal a Estefan: Una vez aprobado
el presupuesto para 2006 –y los límites de endeudamiento para el mismo año- de
manera por demás inopinada el entonces diputado Roberto Vega Galina –líder del sindicato del IMSS- propuso apropiarse de
$26,600 millones de pesos de las reservas del IMSS para destinarlos a “gasto de
operación” en el mismo IMSS. Esas reservas deben ser intocables porque se
destinan al pago de las pensiones –en buen romance, no le pertenecen al IMSS
sino a los asegurados y pensionados- por lo que la propuesta de Vega Galina fue todo un disparate; un disparate que
demagógicamente aprobó la mayoría de la cámara (de forma cuando menos
irregular, porque el presupuesto ya estaba aprobado por el pleno) para calmar
al intransigente Vega Galina –en ese entonces priísta
y más tarde aspirante a senador por el perredismo lopezobradorista, cargo que por fortuna no alcanzó: perdió
en las elecciones de julio pasado- y posar de dadivosos con el dinero ajeno.
Una vez que los
diputados responsables, había algunos, se percataron de la pifia -y probablemente para evitar el bochorno de
perder otra controversia constitucional frente al Ejecutivo- arreglaron lo
mejor que pudieron el desaguisado y ordenaron a
Por supuesto, toda
esta historia la conoce Charbel Estefan…
pero se hace el ignorante porque ahorita la conviene posar
de duro e intransigente –de lastimadito – para en la inminente negociación del
presupuesto 2007 poder lucirse como dadivoso con el dinero ajeno, dadivoso con
las entidades federativas, pilar del feuderalismo
mexicano.
Porque si vamos al
fondo del asunto –y al proclamarse defensor del PAFEF, Charbel
Estefan corre el riesgo de sufrir una estrepitosa
derrota política- el PAFEF es un subsidio (no es una participación
tributaria) totalmente injustificado, a la vista de los cuantiosísimos recursos
que reciben los estados por participaciones tributarias no petroleras, por
excedentes petroleros, por educación, por salud, por infraestructura y demás.
La única “virtud” del PAFEF es que es aún menos escrutable
y fiscalizable que otras asignaciones y participaciones federales y que fue
inventado por los diputados para lucirse con los gobernadores de los estados
(hay que cuidar el futuro político, usted sabe)…
Por lo pronto, don
Jorge Charbel Estefan Chiriac se está ganando a pulso un lugar destacado en el
salón de la fama de los pilares del feuderalismo.
¿Quiere que
discutamos el PAFEF? Perfecto. Empecemos por discutir cómo se justifica su
existencia y sigamos discutiendo cuáles mecanismos serios y creíbles vamos a
poner para que los recursos federales que reciben los estados puedan ser
fiscalizados por los ciudadanos. ¿Cuándo empezamos?