11/8/2006
Gasto público y gobiernos divididos: E. U. y México
Ricardo Medina

Esquemáticamente se supone que el Partido Republicano en Estados Unidos le da mayor importancia a la responsabilidad fiscal y a las restricciones presupuestales que el Partido Demócrata, sin embargo en la práctica – y el mejor ejemplo podría ser el gobierno de George W. Bush-, los gobiernos republicanos pueden ser tan irresponsables o más en materia fiscal que los demócratas.

 

Así las cosas, para muchos republicanos a quienes preocupa seriamente el déficit fiscal – entre los que NO se cuenta, desde luego, el actual presidente Bush- podría ser una buena noticia que los demócratas recuperen la cámara de representantes. Como lo dice William A. Niskanen – quien es presidente del Cato Institute y fue presidente del Consejo de Asesores Económicos del Presidente Reagan- el gobierno federal funciona mejor –o menos mal- cuando al menos una de las cámaras es controlada por un partido diferente al del Presidente.

 

En periodos de gobiernos divididos el gasto federal ha crecido un promedio anual de sólo 1.73 por ciento, en tanto que en períodos de gobierno en los cuales ambas cámaras son dominadas por el mismo partido al que pertenece el Presidente, el crecimiento anual promedio del gasto se eleva a 5.26 por ciento. Periodos de gobiernos unificados y derrochadores del dinero público los ha habido lo mismo de demócratas –como Harry Truman- que de republicanos como George W. Bush. (Ver: http://www.cato.org/pub_display.php?pub_id=6713).

 

En México no ha sucedido así, al menos con las escasas experiencias que hemos tenido de gobiernos divididos. ¿Por qué?

 

Apunto una hipótesis: Mientras que en Estados Unidos representantes y senadores – que pueden reelegirse- ven a su electorado como un contribuyente sumamente cuidadoso y exigente con su dinero, en México nuestros diputados y senadores conciben todavía la política como la tarea de cultivar clientelas ávidas de obtener dinero público.

 

Estas clientelas pueden ser lo mismo sindicatos que empresas a la búsqueda de contratos, gobernadores o grupos organizados para obtener prebendas y dinero del Estado (los demandantes de vivienda gratis, los demandantes de créditos subsidiados, los demandantes de subsidios al campo, los demandantes de subsidios a las universidades, los demandantes de concesiones exclusivas en telecomunicaciones y demás), y eso explica que en México veamos comportamientos de algunos legisladores que serían absurdos y equivaldrían al suicidio político en otras democracias: ¡El diputado encargado de la comisión de presupuesto pidiendo que el gobierno federal, encabezado por otro partido, gaste más!

 

¡Cómo se ve que no hay reelección y cómo se ve que los mandamases en las comisiones legislativas son diputados plurinominales, que para ganar su curul no tuvieron ni siquiera que despeinarse frente a los electores de carne y hueso, que somos quienes pagamos el gasto público!



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