Es evidente que la agenda
México-Estados Unidos no se limita al tema migratorio, en el que me concentré
ayer, aunque de momento sea el de mayor actualidad por la estridente oposición
de una minoría identificada sobre todo con la extrema derecha del partido
republicano.
Si bien hay que trabajar de consuno
con el gobierno estadounidense en una política migratoria sensata que no
pretenda derogar por decreto las leyes de la oferta y la demanda que rigen los
flujos de trabajadores mexicanos al país del norte, y que el momento parece
propicio a pesar de la opinión generalizada en México, existen otros asuntos
que discutir.
El principal tema que obsesiona a
Estados Unidos es acrecentar su seguridad nacional e impedir nuevos atentados
terroristas como los ocurridos originalmente el 11 de septiembre del 2001, el infame
9/11 como se le conoce coloquialmente.
Las medidas que adoptó Estados
Unidos cuando recuperó la iniciativa después de la agresión, implicaban la
grave amenaza que el proceso de integración económica de norteamérica
que se formalizó con la firma del TLCAN, pudiera verse obstaculizado o
inclusive revertido.
Ello en buena medida no ha ocurrido
porque las autoridades de los tres países trabajan discreta pero efectivamente
en una agenda operativa amplia para facilitar, entre otros temas, trámites
comerciales, aduaneros, de transporte y para construir infraestructura fronteriza
común,.
La intención era montar una frontera
perimetral segura en norteamérica, lo que
implícitamente reconocía la dificultad de controlar los flujos humanos en los
más de 9 mil kilómetros de linderos que hay entre Estados Unidos y sus dos
vecinos, y es evidencia adicional del absurdo de la nueva valla.
Estos trabajos deben seguir adelante
pero hay que poner un énfasis mayor en la construcción de mucho más infraestructura
en México, para lo que el país no necesariamente cuenta con los recursos
suficientes por lo que será necesario recurrir a créditos blandos y a nuevos
mecanismos financieros.
En este punto es indispensable tener
presente que a diferencia de
Como enseña la historia, el problema
de aceptar ayuda externa de Estados Unidos es que suele ir acompañada de
condiciones inaceptables para gobiernos como los de México, y que hoy en día
seguramente incluirían la obligación de controlar la emigración hacia el norte,
por la fuerza si fuera necesario.
El otro tema bilateral insoslayable
es el narcotráfico que tan graves daños causa en México, dónde hemos pasado de
ser una plataforma de reexportación de drogas provenientes de Sudamérica para
convertirnos en importante mercado y centro operativo de los cárteles de
distribución.
La secuela de adicción, violencia y
corrupción, y el daño terrible a nuestras instituciones –policía, ejército, y
administración de justicia- que deja a su paso el narcotráfico, constituye el
principal problema de seguridad que enfrenta la región, más grave aún que el
del terrorismo.
El mayor obstáculo para un efectivo
combate al narcotráfico es la rotunda oposición de Estados Unidos a la única
solución que tiene ese cáncer siniestro, que es la descriminalización
de las drogas y tratar su consumo como un problema de salud pública y no como
un asunto criminal.
El gobierno norteamericano es tan
inflexible al respecto que obligó a Vicente
Fox a dar marcha atrás en su tímido intento, hace algunos meses, por descriminalizar la posesión y consumo de pequeñas
cantidades de droga para poder concentrar sus escasos recursos en combatir a
los grandes cárteles.
Mañana seguiré desgranando la agenda
binacional.