Hace ya algunos años, tuve una experiencia que me
servía como llamada de atención ante un problema que, en esos momentos, ya
mostraba su filosa dentadura, un apetito insaciable y, en especial, el
gigantismo de su propietario sin dar señales de haber llegado al cenit de su
crecimiento.
El conductor de radio y TV, Rush
Limbaugh, iniciaba la transmisión de su programa de
forma singular. Luego de la bienvenida a su auditorio, sin previa introducción
empieza el rodaje de un video mostrando un parque zoológico visitado por miles
de gentes pero, por su política de permitir algunos animales rondaran sueltos,
el recorrido debía ser en auto. Al abrir sus puertas, se introduce el primer
auto pero, sorprendiendo a sus ocupantes, aparecen tres changos bloqueando el
camino. Ante tal inconveniente, los pasajeros proceden a tirarles algunos
comestibles ante lo cual, los monos de inmediato despejan la vía.
Pero, al siguiente día, cuando el primer auto hace
su entrada el número de monos se había multiplicado para, de la misma forma,
bloquear el camino de los visitantes. Los ocupantes, proceden a tirar
comestibles con el mismo resultado, los monos recogen sus porciones para dejar
el camino despejado.
El novedoso ritual se sigue repitiendo mientras los
monos se multiplicaban. Ante la preocupación de los encargados del parque
cuando los monos estacionados en la entrada, por falta de ejercicio empiezan a
mostrar síntomas de enfermedades, prohíben se les siga alimentando. De esa
forma, pretendían regresaran a la búsqueda de sus alimentos a través de trabajo
y la actividad física requerida. Es decir, provocar el regreso de los monos a
la competencia para, a base de su esfuerzo, lograr la satisfacción de sus
necesidades
El día que inicia la nueva reglamentación, el primer
auto penetrando se enfrenta a la multitud de monos quienes, al parecer, no se
les había notificado el cambio. De inmediato, rodean el auto esperando su pan
nuestro de cada día pero al no recibir su bono, considerado un derecho adquirido
y de por vida, inician una amenazante aproximación y, al no recibir tampoco lo
exigido, empiezan a golpear delicadamente el vehiculo, pero cuando el bono
diario no aparece, proceden a un violento ataque para desembocar en la
destrucción del auto cuando lo vuelcan.
En ese momento, Limbough
detiene el video y apareciendo en escena afirma: "Esto es nuestro sistema
nacional de Bienestar Social." Yo pienso podríamos utilizar la misma
parábola para describir los sindicatos mexicanos y, en especial, al de maestros.
Lo que hemos atestiguado en Oaxaca, por increíble que parezca, es la
manifestación de uno de los cánceres más violentos que atentan contra la vida
de la nación. No es posible que un grupo de bandoleros haya paralizado un
estado, destruido una ciudad y, lo más patético, hayan provocado la quiebra de
infinidad de pequeños negocios "para exigir sus derechos."
Cuando aparece en los noticieros de TV el
"líder" del movimiento, Sosa, quien con tremenda panza telegrafía
"aquí no hay hambre," una cabellera que envidiaría el Cavernario
Galindo, y una larga y tupida barba estilo Rasputin,
yo me pregunto ¿Dejaría yo la educación de mis hijos en manos de un intelectual
de este calibre? Cuando observo la devastación provocada en la otrora bella
ciudad de Oaxaca, me pregunto de nuevo ¿Esos monos son los responsables de
formar nuestras futuras generaciones? Cuando leo sus letreros adornados con la
hoz y el martillo rezando: "No queremos turistas del Imperio
explotador," una vez más me pregunto ¿Cómo es posible se haya permitido el
desarrollo de ese tumor?
Mario Vargas Llosa, ha escrito extensamente cómo la
cultura sella los destinos de los pueblos. Ha expuesto la cultura de América
Latina, cómo el gran obstáculo para su desarrollo y, especialmente, el sabor
que le dan a ese venenoso potaje nuestros sistemas de educación. Los países
desarrollados, rechazan las teorías no probadas y prefieren lo práctico y
verificable. La tradición intelectual de México, se orienta a las grandes
cosmovisiones pero con resultados vergonzosos. La educación es el nutriente
para producir seres humanos en busca de la verdad, no que se la dicten y la
acepten como dogma para repetirla. Esa educación dogmática, enemiga del
desarrollo, produce la manada y los conformistas. Luego pasa a producir los
monos exigiendo violentamente sus derechos.
Pero lo más grave que develan estos acontecimientos,
no es la violencia de estos grupos atentando contra los derechos naturales de
ciudadanos a la vida, libertad y propiedad, de los cuales el gobierno debe ser
custodio. Es darnos cuenta en manos de quien está el futuro de las generaciones
de México. En medio de esta nueva revolución de la información, del capital
intelectual ¿Esa es la forma en que lo estamos desarrollando? Nos devela
también que los responsables de tales barbaridades, no son los verdaderos
arquitectos de la rebelión changista, sino que hay
monos mayores moviendo los hilos tras bambalinas.
Tristemente, agregando especies al venenoso potaje,
tenemos otros elementos subterráneos que lo hacen aun más dramático los cuales,
solamente la inteligencia política de un profesional como Ramón Alberto Garza
es capaz de exponer. El violento estallido en Oaxaca tiene también otro
propósito: evitar que José Murat y Ulises Ruiz vayan
a la cárcel. La anarquía generada por
Las auditorias sobre la tesorería del gobierno de
Oaxaca de participaciones federales, confirmarían que Murat
y Ruiz dispusieron, para su beneficio personal, de unos tres mil 500 millones
de pesos. Hasta hace sólo unos días, la decisión oficial era que los resultados
de las auditorias fueran dados a conocer en noviembre para que, a nueva
administración de Felipe Calderón, con un golpe estratégico debutara enviando a
los dos caciques oaxaqueños del PRI a la cárcel.
Ulises Ruiz tiene que esperar el primero de
diciembre para renunciar. Esa será la fecha en que cumpla dos años en el
mandato. Y sólo así se puede designar a un interino sin tener que pasar por una
nueva elección abierta, que traería nuevos y quizás peores conflictos.
Sin embargo los acontecimientos parecen estar acelerando los tiempos y,
en estos momentos, se debate si las condiciones exigen utilizar los resultados
de la auditoria para acelerar la consignación de los políticos y frenar el
conflicto. Y mientras los changos mayores saldan sus cuentas, Oaxaca y sus
niños sufren las consecuencias porque, no puedes matar el tiempo sin herir de
muerte la eternidad. Pobre Oaxaca.