Finalmente el gobierno de la república envió a un contingente de la Policía Federal
Preventiva a Oaxaca. Éste recuperó el centro de la ciudad en un operativo bien
realizado y con relativamente poca violencia. Los efectivos avanzaron
lentamente y sin armas, y conservaron la calma a pesar de que les fueron
arrojados proyectiles de todo tipo.
La APPO afirma que tres de sus simpatizantes murieron
durante el operativo. Hasta el momento de escribir estas líneas, sin embargo,
se ha encontrado sólo un cadáver. Se trata de un joven que al parecer falleció como consecuencia de un impacto de
una cápsula de gas lacrimógeno.
Independientemente de lo ocurrido en el operativo, sin embargo, queda
claro que la recuperación del centro de Oaxaca por la policía federal no
resuelve el conflicto del estado. La
APPO está compuesta por grupos radicales que, tras cinco
meses de control sobre Oaxaca, se han envalentonado. Sienten que pueden
conseguir la cabeza del gobernador Ulises Ruiz si hacen un esfuerzo adicional.
Su posición, por otra parte, se ha visto fortalecida por los exhortos del
Senado y de la Cámara
de Diputados pidiendo la renuncia del gobernador.
Otros grupos radicales vinculados al PRD en otros estados están viendo
en Oaxaca también una oportunidad. El sindicato de maestros de Michoacán,
vinculado como la sección 22 de Oaxaca a la disidente Coordinadora Nacional de
Trabajadores de la Educación
(CNTE), ha suspendido clases y mandado activistas a Oaxaca. En la ciudad de
México toda una amplia gama de grupos radicales, que van desde miembros de la
organización Francisco Villa hasta el Consejo General de Huelga (CGH) de la UNAM así como grupos simpatizantes
de Andrés Manuel López Obrador que ven en Oaxaca la oportunidad de sentar un
precedente que permita después deponer a Felipe Calderón, se han movilizado en
apoyo de la APPO.
Entregar la cabeza de Ulises Ruiz es la solución lógica. Muchos priistas que hasta hace poco apoyaban al gobernador hoy le
piden que deje el mando del estado para permitir una solución. Y,
efectivamente, la renuncia del gobernador quitaría de momento el detonador de
la crisis.
Pero el combate es mucho más profundo. Hay una izquierda revolucionaria,
de la cual la APPO
forma parte, que está buscando algo más que la cabeza del gobernador. Lo que
pretende es un nuevo orden político y económico. Para esa izquierda, Oaxaca es
un simple peldaño para una revolución más amplia.
Quizá la renuncia del gobernador sea indispensable. Pero ésta de nada
servirá si no se ve acompañada por medidas que descabecen a las organizaciones
radicales que han mantenido en jaque a Oaxaca a lo largo de cinco meses y que
identifiquen y corten los recursos financieros que le han permitido a la APPO mantenerse en pie de
guerra durante tanto tiempo.