En este último artículo de la serie quiero
tratar uno de los principales retos que enfrenta el gobierno en cuanto a las
finanzas públicas: el uso de recursos federales por parte de las entidades
federativas y de los municipios. De acuerdo con el Informe sobre
El arreglo fiscal federal que existe en
México, particularmente en lo que concierne a las participaciones, adolece de
tres grandes problemas. El primero es la falta de responsabilidad por el gasto
público en las diferentes entidades federativas y municipios. El segundo
problema es la existencia de incentivos perversos en contra de esfuerzos
locales para el cobro de impuestos. Y el tercero, es la existencia de
restricciones presupuestales menos rígidas que enfrentan los gobiernos locales
en comparación con el gobierno federal en cuanto a sus decisiones de
endeudamiento y gasto.
En cuanto al primero, al depender los Estados
y municipios de los recursos que obtiene a través del sistema de
participaciones, y no hacer el monto que se le reparte a cada gobierno estatal
y/o municipal función de la calidad y responsabilidad en el ejercicio del
gasto, se presenta el problema del agente-principal, en donde el que recauda,
en este caso el gobierno federal actuando como el principal, no tiene manera de
obligar al agente que gasta esos recursos, Estados y municipios, para hacerlo
eficiente y responsablemente. Obviamente, si los Estados y municipios no
enfrentan ningún tipo de penalización en el monto que reciben del sistema de participaciones
de los impuestos federales por haber utilizado ineficientemente los recursos,
no tienen ningún incentivo para buscar obtener el mayor rendimiento por peso
gastado, medido en términos de la cantidad y calidad de los servicios ofrecidos
a la población.
Respecto del segundo problema, al no hacer
dependiente el monto de las participaciones que los Estados y los municipios
reciben de
Por último, los gobiernos estatales pueden
incurrir en una política “moralmente irresponsable” en el proceso de
contratación de deuda, debido a que los gobiernos estatales ofrecen los
ingresos que obtienen a través del sistema de participaciones federales como la
garantía sobre su deuda y del hecho de contar, al menos implícitamente, con el
respaldo del gobierno federal en caso de que sean incapaces de cubrir el
servicio derivado de esta deuda. No enfrentar una restricción presupuestal
rígida o dura, puede inducir a los gobiernos estatales a incurrir en un
endeudamiento que no es compatible ni con sus ingresos propios, ni con sus
ingresos derivados de las participaciones, particularmente cuando éstas últimas
pueden tener de año en año notables variaciones resultado de la volatilidad de
los ingresos petroleros.
Es probable que en los próximos años los ingresos
petroleros, una de las principales fuentes de las participaciones y del PAFEF,
se reduzcan. De suceder esto, la alta dependencia que tienen los gobiernos
estatales y municipales de esta fuente de recursos, aunado
a las rigideces que tiene el gasto en estos niveles
de gobierno para ajustarse a variaciones significativas de sus ingresos, se
traduciría en una significativo deterioro de las finanzas públicas locales y
una posible presión sobre las finanzas públicas federales. Evitar que esto
suceda es crucial y, en consecuencia, es indispensable modificar el actual
arreglo fiscal federal para transferirle a los estados y municipios mayores
responsabilidades sobre sus propias finanzas públicas.