Un lector que conoce de primera mano el
peculiar funcionamiento del federalismo fiscal en México me ofrece una razón
decisiva para explicar por qué en México, a diferencia de lo que sucede en
Estados Unidos, los gobiernos divididos (aquellos en los que la mayoría en el
Congreso o en al menos una de las cámaras es de otro partido que el Ejecutivo)
NO han sido eficaces para frenar la expansión del gasto público federal.
Dicho con sus palabras: “Quizás parte de la explicación radique en
que en los Estados Unidos los estados dependen poco de las participaciones (y
aportaciones) federales, en cambio en México los estados casi no tienen
ingresos propios. Por eso a los legisladores del partido que en los Estados Unidos
no está en el Poder Ejecutivo puede interesarles no dar recursos que al
Presidente le serían útiles políticamente. Después de todo, los estados que
representan no dependen mayormente de fondos federales. En cambio los gobiernos
de los estados en México, al no tener ingresos propios y ser limitadas sus
fuentes de financiamiento, más ahora con Congresos locales divididos que se
niegan a autorizar emisiones de deuda, les conviene pugnar por más recursos
federales. No sólo eso: los diputados que logran más recursos etiquetados para
sus estados son los que se llevan la medalla y no el gobierno federal”.
Una historia reciente: En las
negociaciones previas al presupuesto federal para 2006, los diputados del PRI
advirtieron que propugnarían por fuertes restricciones al gasto federal para
evitar que el Presidente, del PAN, usase los recursos para favorecer
indirectamente a su partido en las elecciones federales. Hecha la advertencia… ¡hicieron
en la práctica todo lo contrario y se resistieron incluso a aprobar un presupuesto
con superávit fiscal como el que les había enviado el Ejecutivo!, (a la postre,
el presupuesto quedó con un balance en cero).
¿Por qué? Porque a la hora de la
verdad gran parte del gasto federal se entrega a los gobiernos locales, vía
participaciones, aportaciones y subsidios. Quien se pone la medalla, pues, son
los legisladores dadivosos, no el gobierno federal.
Algunos datos: La mayoría de las
subvenciones federales en Estados Unidos –que sumaron poco más de $460 mil
millones de dólares en 2004- nunca pasan por los gobiernos de estados o de
condados, sino que son entregadas directamente a individuos, grupos u
organizaciones no-gubernamentales. Se trata, además, de subsidios estrictamente
etiquetados (por ejemplo: “fondos para la prevención y el tratamiento en el
abuso de sustancias”). En México, los fondos federales entregados directamente
a los gobiernos locales sobrepasaron los $577 mil millones de pesos tan sólo en
los primeros nueve meses de 2006 y son tan genéricos como: “Programa de Apoyo
al Fortalecimiento de las Entidades Federativas” (el famoso PAFEF).