Las pasadas elecciones en Estados
Unidos dejan varias lecciones de la mayor importancia no sólo para ese país
sino también para otros en los que el juego democrático es el medio por el cuál
eligen a sus dirigentes. A continuación, comento las que a mi juicio son las
más destacadas:
1.
Quien logra apoderarse del centro político gana. Después de
las derrotas demócratas de 2000 y 2004 quedó claro que era necesario alejarse
del extremo ideológico que adoptó ese partido bajo el liderazgo de Al Gore y John Kerry, sus
candidatos presidenciales en las últimas dos elecciones.
Es importante subrayar que los espacios ideológicos en el
espectro político norteamericano hace tiempo que están bastante acotados, y que
los dos partidos principales serían definidos en cualquier otra parte del mundo
como bastante moderados y alejados de los extremos. En EU, sin embargo,
prevaleció la percepción en las dos elecciones citadas que los candidatos
demócratas se habían desviado del centro que representó la clave del éxito para
el presidente Bill Clinton.
En estas elecciones parlamentarias y de la mayoría de los
gobernadores, los demócratas dejaron de insistir en que todos sus candidatos
pasaran la prueba de homogeneidad ideológica y seleccionaron a prospectos que fueran
atractivos para los votantes.
2.
Por el contrario, a los republicanos se les percibió como extremistas
por lo menos en dos temas: La guerra en Irak y el violento rechazo a los
inmigrantes caracterizado por la iniciativa aprobada en
3. A pesar de tener una aparato electoral que
comparado con el de México es bastante atrasado, pues se carece de credenciales
de elector y la tecnología para ejercer el voto es muy heterogénea variando
según estados que van desde avanzadas máquinas electrónicas hasta boletas de
papel, nadie pone en duda los resultados aún en los casos más cerrados. El
senador George Allen de
Virginia perdió su escaño por 7,231 votos de un total de 2,364,217
boletas contadas y no impugnó el resultado.
Además, las elecciones no son manejadas
por ciudadanos aleatoriamente escogidos como en
nuestro país sino que se contrata a funcionarios electorales normalmente entre
la población jubilada y muchos carecen del necesario entrenamiento y desconocen
los procedimientos electorales.
3.
A los ojos de numerosos republicanos tradicionales el
presidente Bush traicionó los principios de su
partido que proverbialmente se había caracterizado por buscar el equilibrio
fiscal. Su gobierno ha gastado a manos llenas no sólo en las guerras de
Afganistán e Irak sino también en costosos programas de bienestar en materia de
salud y educación, además de haber tolerado un dispendio extravagante por parte
de los legisladores. Bush nunca usó su derecho de
veto para detener costosos e inútiles despilfarros.
4.
Los republicanos se vieron envueltos en numerosos escándalos
de diversa índole, incluyendo varios casos de corrupción y tráfico de influencias.
Lo más grave es que sus líderes parlamentarios no reaccionaron con celeridad
para sancionar a los culpables lo que dejó la impresión entre los electores de
que o eran cómplices o eran incompetentes.
El final de las elecciones de medio
término suele marcar el principio de la siguiente campaña electoral. Ahora los
demócratas tendrán que consolidar la disciplina y la posición centrista que los
llevó a la victoria si desean mantener
su mayoría en el Congreso y recuperar la presidencia en el 2008.
No será fácil porque, como decía el
humorista Will Rogers, “yo
no pertenezco a ningún partido organizado,
¡yo soy demócrata!”