Hasta ahora, según
la sabiduría convencional de los medios de comunicación (que no es sabiduría
pero que aburre por lo convencional), Felipe Calderón no ha dado pistas claras
de cuál será su estilo personal de gobernar, de cómo enfrentará los variados
problemas del país, de cuáles son sus auténticas prioridades y de muchas otras
cosas que los medios –mal acostumbrados por el parloteo insistente pero
monotemático de los principales políticos en los últimos años- desearían
ardientemente convertir en material de escándalo, ocho columnas, chismes y
crítica…
Parece que los
medios esperarían de Calderón gracejadas diarias o proclamas incendiarias para
mantener al espectador al filo del asiento, tener al “rating”
o al tiraje creciendo y oír a la caja registradora sonando con alegría. Nada de
eso. Calderón les ha salido más callado que locuaz, más trabajador que amante
de los reflectores, más dado a la declaración mesurada y al discurso
estructurado y cauteloso que a los desafíos temerarios típicos de los
habladores. Y hablando de… el inefable “prejijente”
patito –o séase López– se desgañita de aldea en aldea
y de plaza en plaza llamándole “pelele” y “espurio” al próximo Presidente
Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y desafiando al respetable
público –como si fuese el torero Lorenzo Garza redivivo- con insultos y
desplantes de matoncito de barriada y… ¡nada!, ¡no lo pelan!
Algo similar le
sucede a otros auditorios con Calderón Hinojosa. Y murmuran entre dientes que
“no da color” o que le falta carisma –confundiendo el carisma, voz griega que
equivale a “don”, con la chabacanería que embriaga momentáneamente a las
multitudes, ávidas de sobresaltos y fatigadas de tanto no pensar-, o que será
“gris”. (Eso, aunque usted no lo crea, es buena noticia, porque las democracias
empiezan a dar sus mejores frutos cuando los políticos y la política generan
una sana apatía cotidiana).
Sin embargo,
Felipe Calderón ya ha enviado varios mensajes que merecen descifrarse, aunque
no se ajusten al patrón de las ocho columnas.
Primer mensaje:
Con la economía no se juega. Si la oferta fue promover la generación de empleos
productivos hay que empezar, desde el primer día, por ahí. Por eso, el primer
nombramiento contundente fue el de Agustín Carstens.
Con este movimiento, Calderón logró tres objetivos cruciales: 1.
Imperturbabilidad y confianza de los mercados, 2. Tender un sólido puente de
continuidad y avance con el área que mejor funcionó en el gobierno de Fox –la que
encabeza todavía Francisco Gil Díaz- y echar andar la transición efectiva y
operativa en el corazón de la auténtica política (al final del día, toda
política es política fiscal), con lo que marca distancias con algunos que creen
que la destreza técnica se puede suplir con buenas intenciones o con bonito
rollo y 3. Incorporar a su equipo al silencioso operador de muchas de las
reformas financieras que se hicieron en el sexenio que termina –en el lapso de
En otras palabras,
si algo ya tiene definido y planchado el próximo Presidente Calderón es la
agenda económica desde el primer día de diciembre. Nada mal, porque hay que
empezar por los cimientos de la casa. Están firmes, que así sigan.
Segundo mensaje:
México o es país de leyes o no es. Impensable escuchar a Calderón decir que una
etérea “paz social” es más importante que el Estado de Derecho. Impensable
esperar que cuando haya que aplicar la ley responda: “¿Y yo por qué?”. Esto no
significa, ojo, que los enredos que heredará, como la tragedia de Oaxaca, los
resolverá en 15 minutos; significa que a él está difícil que le tomen la medida…
como le hicieron a otros.
Tercer mensaje:
Me temo que los
amantes del escándalo se aburrirán, pero quienes queremos ya ponernos a
trabajar para salir de la media tabla del desarrollo, inyectarle productividad
y dinamismo a la economía mexicana, sacudir de una vez
por todas esos cotos cerrados de los grandes negociantes que impiden la
competencia, me parece que estamos recibiendo –ya desde ahora- estupendas noticias
de Felipe Calderón.