El tiempo se
ha perdido en tratar de hacer un país competitivo, globalizado y sobre todo
moderno, estamos de regreso en los años 80 del siglo pasado. Si el lector cree
que soy muy pesimista pues puede ser pero la verdad es que los recientes
acontecimientos nos ponen en esa misma circunstancia de la que no han logrado
salir ni Venezuela, ni Bolivia, ni Brasil, ni Argentina; tenemos un gobierno
populista y populachero, eso es lo que nos deja la herencia del desgobierno de
Fox, la reforma inconclusa salinista y la timidez de Zedillo, que no hubo crisis, que no ganó el peje, son
presupuestos para no complicar aún más las cosas, pero el país sigue anclado en
las viejas políticas.
Para muestra
un botón: sube la leche y sube la gasolina, anuncio del gobierno saliente, no
me digan que no les recuerda a López Portillo rasgándose las vestiduras para
hacer sus anuncios de antipolítica. Pues eso hace el
gobierno saliente entregándole no una, ni dos ni tres sino todas las papas calientes
posibles a Calderón, le entrega un país inseguro, un país incierto, Oaxaca un
polvorín, la autoridad postrada ante revoltosos, narcos,
delincuentes y ambulantes, pero para colmo le prepara un ambiente cada vez más
caldeado con los partidos y sus gamberros en el Congreso y lanzan una bomba
política que activa muchas otras, en mi última semana subo precios y disparo el
sospechosísmo de nuevas medidas económicas
impopulares, la pregunta es ¿por qué no lo hicieron antes? o mejor aún ¿por qué
siguen existiendo precios controlados, y subsidios cruzados? La razón
simplemente es no saber hacer la cosas y mucho menos
explicarlas. Que el precio de la gasolina era insostenible desde que el petróleo
se disparó y que no se podía mantener un subsidio creciente a la leche Liconsa pues la empresa está técnicamente quebrada, eran
asuntos cantados desde hace mucho, pero el gobierno eligió el peor momento para
hacerlos públicos y puso a explicarlo o él se metió al mejor de los anticomunicadores que han existido en el país “el vocero”
presidencial que no sabe de medios, de economía, de política y por supuesto
carece de sentido común, sólo le gusta confrontar hasta a su propio jefe. Pero
el error de formas y una explicación peor ya están y ahora a cerrar la cortina
e irse al rancho, el problema es del que sigue, igualito que Zedillo, o que López Portillo, Fox aplicó la política de
pasar la bolita, consejo obtenido seguramente de Bart
Simpson.
La cosa está
en que el país muestra su verdadera cara pues por un lado el Banco Mundial
aplaude la desregulación, que lleva ya algunos años pero que la miopía del
propio gobierno no había permitido vender estas medidas, o la protección de inversionistas,
haciéndonos avanzar hacia un lugar más realista en el Ranking del Doing Business. Por el otro, el
gobierno se muestra con todo lo intervencionista e improvisado que es pues como
no ha podido hacer una reforma para crear un verdadero mercado de energía y de energéticos
pues se ha dedicado a subsidiar y mantener no a una población indefensa frente
al monopolio estatal sino a un grupo de empresas altamente ineficientes,
burocratizadas y corruptas. Pero sobre todo a una tercia de sindicatos que dan
vergüenza. Pero como estos poderes fácticos han penetrado a todos lo partidos
políticos pues a aguantar y seguir tirando miles de millones de pesos a la
basura para seguir con energía cara y mala, precios “subsidiados” que
distorsionan toda la economía y que para colmo politizan aún más el ambiente político,
ya no descompuesto, sino verdaderamente podrido.
El caso más
dramático es que el anuncio de el alza de precios despertó de inmediato la
memoria de los tiempos de inflación, cuando a un anuncio de éstos seguía un
alza escalada y generalizada de precios haciendo que el nivel general de los
precios se disparara, así como en los 80 ó como en 1994 – 95. En una decisión
de éstas se hecha por la borda mucho de lo ganado por Banco de México en
términos de credibilidad, y la propia SHCP se tira un plomazo en el dedo pues
estas medidas, de liberales no tienen nada.
Pero para el
común de los mortales esto sólo tiene un impacto sobre lo precios y por ello
sobre sus bolsillo, sean ricos y compren gasolina Premium, o sean pobres y
paguen el camión y compren leche Liconsa. El efecto
más difícil de medir es el que esto tiene sobre la competitividad de toda la
economía, pues cuando el mercado reacciona y ajusta los precios temporalmente
al alza o a la baja, las empresas se tiene que ajustar inmediatamente lo mismo
que el gasto de las familias, pero en México no fue así; administramos por los
primeros 11 meses del año los precios de la gasolina para no afectar ni la
recaudación, ni el gasto público ni la inflación, pero la presión se acumuló en
forma de inflación importada y en forma de un inminente desequilibrio de la
cuenta pública, lo que llevó a la decisión de subir los precios, que fue un
incremento simbólico y para pocos consumidores puede ser, pero lo que no se
puede es causar la impresión de que en política todo se vale y sacar del baúl
de los recuerdos las épocas del los gobiernos más intervencionistas del país.
Así México
es una dicotomía andando, por un lado el país está abierto al exterior, se han
reducido (no lo suficiente) muchos trámites, hay más bancos y sume usted
virtudes al “modelo”. Pero por el otro lado tenemos sindicatos charros,
monopolios estatales y precios controlados que afectan a toda la economía, es
decir seguimos en los 80´s, por lo que no podemos
modernizarnos, integrarnos y ser competitivos, la lacra es el gobierno y sus
empresas, y como dijo Monterroso: cuando desperté PEMEX
seguía ahí.