Con la colaboración de
Durante el
sexenio en curso Liconsa transitó entre claroscuros.
Por una parte, esta empresa de participación estatal mayoritaria de
El escándalo
ocasionado por el alza de precios en la leche no se hizo esperar. Lanzarse de
manera encarnada en contra de la medida del ejecutivo del gobierno federal
curiosamente, resulta más rentable que cuestionarse las razones, motivos y
consecuencias del aumento en el precio de la leche fortificada de los pobres.
Entre la
mayoría de los columnistas, existe el consenso de que esta política pública,
sin más, se trata de un crimen de lesa humanidad. Y lo es. Entre los políticos,
el clamor desaprobatorio ha sido casi una constante.
Por el lado
humanitario resulta trágico lo evidente, el impacto de una alza en los precios
de un bien que consumen principalmente los sectores de la sociedad en extrema
pobreza y pobreza moderada, va en detrimento de los más desprotegidos. El
aumento de
Muchas de
las críticas resultan conmovedores, y algunas incluso inteligentes, atinadas o
por lo menos ingeniosas; sin embargo, el problema de fondo, el conflicto que
duele a los más necesitados, por decisión o desidia se dejó de lado.
Muchas de
las preguntas que se hacen los economistas en relación al papel del Estado
siguen estando sujetas a fuertes debates. ¿Cuáles con las funciones óptimas que
debe desempeñar el estado moderno; cuáles deben de ser sus límites y alcances?
¿Cuándo, si acaso alguna vez, debe subsidiar? ¿A quiénes y cuánto? En estas
preguntas, se encuadra concretamente la de si puede y debe dar un subsidio
mayor al que permita a Liconsa ser sostenible
financieramente. Independientemente de la respuesta que pudiéramos dar a esto,
lo que resulta verdaderamente escandaloso, es que Liconsa
dejó de ser una empresa auto sustentable este sexenio debido a que la
legislatura pasada estableció la obligatoriedad de que la empresa adquiera el
50% de los insumos de productores nacionales, cuyas infinitas ineficiencias
resultan en un precio muy (pero muy) superior al que antes de esta perla
legislativa podía acceder Liconsa en el mercado
internacional. Así, una vez más, el beneficio de unos cuantos productores, se
vio reflejado en un aumento de precios al consumidor, ya que al no poder
comprar insumos más baratos, una empresa financieramente sana dejó de serlo. Hoy,
para no quebrar no sólo técnicamente, ha de subir sus precios en casi un 30%. Las
políticas proteccionistas son insostenibles en el largo plazo y, en este caso,
terminó por afectar a aquéllos a quienes los políticos debieran proteger.
Las
políticas públicas sin planeación terminan por agravar los problemas que
pretenden resolver. La mediocridad de los gobernantes, su falta de congruencia,
termina siempre por afectar al pueblo que tienen como mandato proteger. Con el
paso de los años en nuestro país se han vuelto innumerables los casos en los
que la ineficiencia del Estado termina empobreciendo a los más pobres.
Una última
reflexión: increíblemente, el gobierno mismo no aporta información clara para
justificar su acción, sino que sale una vez más con el “¿y yo por qué?” Sería
un excelente momento para concientizar a la sociedad
de los efectos perniciosos de acuerdos como el realizado con los lecheros
nacionales que hacen insostenible vender la leche a $3.50, y para adoptar
medidas modernas y eficientes para paliar el daño que se causa a aquellos
consumidores que no podrán comprar la leche al nuevo precio.